La lucha contra el racismo y la xenofobia, labor de todos y políticas de impulso
F. ShutterstockLa lucha contra el racismo y la xenofobia, labor de todos y políticas de impulso: la transformación de la sociedad exige iniciativas
Hace tiempo que la sociedad española mantiene, en el ámbito deportivo (probablemente en otros también, pero con menos visibilidad y notoriedad) algunos comportamientos que nos preocupan. Durante algún tiempo se ha debatido sobre el alcance de determinados gestos o expresiones racistas y, llevados por la condición de aficionado o de forofo de una determinada institución- hemos querido ver en el sujeto pasivo la causa del problema. Realmente este es el punto conviene indicar que es aquí donde se inicia un planteamiento erróneo entre lo bien o mal que aceptemos a los demás y las consecuencias de esta falta de aceptación.
El paso a una expresión racista y a un comportamiento del mismo orden no admite – ontológicamente hablando- mitigación por razón de la persona ni de su comportamiento ni de su actitud ni de nada. Todos – los que nos caen bien y los que nos caen mal- tienen derechos subjetivos y uno de ellos el no ser discriminado ni señalado por razón de su condición o raza.
Haber confundido los términos ha demorado la respuesta pública, ha mitigado la reacción social y nos han confundido en el planteamiento. Hemos tardado en darnos cuenta de la superioridad del valor igualdad y no discriminación sobre el conjunto de relaciones sociales y la necesidad de una actuación contundente frente a las limitaciones de aquel.
Este clima de confusión conceptual tuvo en el partido de la selección española de fútbol un paso más. Ver una parte de un recinto deportivo hacer una situación graciosa de un canto racista es algo que demuestra que no hemos interiorizado el valor de preservación de los derechos de los demás. Una vez más, la visibilidad del deporte, su capacidad de presentar y agrandar las cosas y de proyectar, de forma inmediata, un hecho a la sociedad ha ganado la partida a la reflexión, a la educación y la convivencia. No creo que esto sea así en todos los ámbitos de la vida social y que estos comportamientos se hayan convertido en algo habitual en la sociedad española.
Se trata de conductas no generalizadas que han encontrado en la visibilidad del deporte, en su preservación de imagen social y en la relevancia de su presentación un altavoz de lo peor que puede darse en una sociedad civilizada como es la confrontación étnica. La convivencia y la tolerancia a los demás son valores de relación de los que no queremos abdicar y que queremos proyectar sobre las generaciones futuras como parte de un legado que consideramos indisponible.
Alberto Palomar























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