Las marsellesas hacen historia en el fútbol francés
omfeminines / InstagramEl pasado 28 de marzo, el Stade Vélodrome de Marsella, uno de los recintos más icónicos del fútbol francés, vivió algo que nunca había visto: más de 35.700 personas llenaron sus gradas para ver jugar a las mujeres. El partido de la Arkema Première Ligue entre las Marseillaises del Olympique de Marsella y el Montpellier HSC no era una final, no era una cita europea de altura. Era la jornada 19 de liga. Y, sin embargo, batió el récord histórico de asistencia de la máxima categoría del fútbol femenino francés, superando los 30.661 espectadores del Lyon-PSG de 2019. Que el resultado fuera una derrota por 1-2 importó, en cierto modo, menos que lo que ocurría en las gradas.
Porque ese estadio lleno de azul y blanco no era sólo un hito deportivo. Era la culminación visible de quince años de esfuerzos de las futbolistas, de avances legislativos, de reivindicación y del trabajo directo al objetivo.
De los barrios al templo del fútbol de Marsella
La sección femenina del OM tiene una historia que, en sí misma, es un reflejo de las dificultades estructurales que han enfrentado las mujeres en el deporte. Fundada en 1927, desapareció en los años treinta, fue reactivada en los setenta y volvió a disolverse en 1986. No fue hasta 2011 cuando el club la refundó, desde cero, en el campeonato distrital de Provenza.
El ascenso fue tan vertiginoso como irregular. Campeonas de distrito en 2012, de la División de Honor en 2014, presentes en la primera división en 2016. Pero también relegaciones en 2018 y 2020, esta última, durante la pandemia, y dos temporadas más de intentos frustrados. El despegue llegó en 2024-2025.
Con Corinne Diacre, exseleccionadora nacional francesa, en el banquillo desde octubre de 2025, el equipo cerró la temporada con nueve victorias consecutivas y se proclamaron campeonas de la Seconde Ligue el 18 de mayo de 2025. Regresaban a la élite. Y lo hacían, además, con nombre propio: ese mismo septiembre, el club adoptó la denominación oficial de "Les Marseillaises" y un nuevo escudo inspirado en la figura de La Marseillaise. Un gesto que no es menor: hablar de identidad propia es hablar del derecho a existir en femenino.
Sandra Moreno























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