Jueves, 26 de Marzo de 2026

Actualizada Jueves, 26 de Marzo de 2026 a las 20:27:16 horas

Carolina Marín, pionera, campeona y referente

EFE / IUSPORT / Olga Martín Jueves, 26 de Marzo de 2026

Carolina Marín volverá a llenar titulares y portadas, pero no con el mensaje "puedo, porque pienso que puedo", que convirtó en su lema, sino con la noticia menos deseada. Su adiós a la competición. Su retirada, la que quería hacer sobre una pista y que finalmente no podrá ser.

 

Ejemplo de voluntad, tesón, resistencia y superación, Carolina decidió es el momento de dar un paso a un lado, después de una profunda reflexión y apenas dos semanas antes de los Campeonatos de Europa que se disputarán en Huelva. Su tierra natal, donde pretendía volver a la competición casi dos años después de la grave lesión de rodilla sufrida en los Juegos de París.

 

El anhelado regreso a la pista en el pabellón que lleva su nombre no será para jugar y sí para recibir uno de los primeros homenajes que se sucederán a partir de ahora. Otra medalla, la del público, como ella misma definió a todo el cariño mostrado cuando la crueldad de la última lesión volvió a cebarse con ella, la recibirá en Huelva.

 

Triple campeona del mundo, siete de Europa y campeona olímpica

 

El sitio donde nació el 15 de junio de 1993 y del que se marchó con 14 años a Madrid para romper moldes y convertirse en lo que es. Figura inigualable. Triple campeona del mundo, campeona olímpica y siete veces campeona de Europa.

 

Vinculada desde los ocho años al bádminton, en el que empezó a despuntar en el Recreativo IES La Orden con el técnico Paco Ojeda, la carrera de Marín es inseparable de la de su entrenador Fernando Rivas. El granadino se incorporó a la Federación Española de Bádminton en 2004 y empezó a escuchar el nombre de Carolina cuando ella tenía 10 o 12 años.

 

Cuenta que le hablaban de su mal carácter, el que ella ha reconocido que tenía y por el que dice que la llamaban John McEnroe, como el estadounidense famoso por su tenis, pero también por las raquetas que rompía como hacía ella. Y suele recordar que cuando la vio por primera vez no destacaba por jugar bien, pero luchaba mucho, era rápida. Tras un campeonato de España sub-15, cuando ella tenía 13 años, tuvo claro que estaba ante futura campeona. No se equivocó.

 

Pese a lo difícil de dejar a su familia con 14 años para instalarse en la residencia Blume y entrenar en el CAR de Madrid, Carolina Marín y Fernando Rivas dieron, a base de esfuerzo, con la tecla mágica para reinar en el bádminton mundial, un deporte casi propiedad de Asia, donde la idolatran. En países como China o Indonesia la andaluza es una estrella. Como Cristiano Ronaldo, bromea ella misma.

 

Sus primeros éxitos internacionales fueron en categorías inferiores. Fue pionera al jugar en 2013 la edición inaugural de la Liga India de bádminton y la primera española en ganar un Gran Premio, el London Grand Prix Gold. Un año después llegaron su primer europeo y su primer mundial en Copenhague, la tercera europea en ganarlo.

 

En 2015 llegó al número uno del ránking mundial, 5 años después de que lo hiciera una europea por última vez. En ese mismo año, 2015, revalidó el título mundial en Yakarta, doblete que sólo habían conseguido cuatro jugadoras chinas.

 

Con otro oro europeo ese año en su haber, Marín hizo sonar el himno español en los Juegos de Río 2016, los segundos para ella, y amplió su enorme palmarés con otros tres campeonatos continentales, 2017, 2018 y 2021, además de su tercer título mundial en 2018 en Nankin (China). En 2022, 2023 y 2024 reinó de nuevo en Europa.

 

Tres roturas de ligamento cruzado de rodilla en seis años

 

Pero la cara amarga del deporte se cebó con ella. Tres roturas de ligamento cruzado de rodilla ponen a prueba cualquier nivel de resiliencia, al margen de su carácter y fortaleza. Las dos primeras las superó con nota. La tercera, en París, fue el prólogo de la decisión comunicada hoy.

 

La primera fue a finales de enero de 2019 en la rodilla derecha en la final del Masters de Indonesia. Volvió a competir a finales de año y empezó a preparar los Juegos de Tokio 2020, aplazados por la pandemia a 2021, un tiempo de espera en el que sufrió la muerte de su padre.

 

La segunda, en la otra rodilla, la izquierda, llegó poco antes de Tokio, a finales de mayo de 2021, en un entrenamiento y la tercera, de nuevo en la derecha y puede que la más cruel, cuando estaba a punto de clasificarse para la final de los Juegos de París, el 4 de agosto de 2024, ante la china Bing Jiao He (21-14 y 10-6).

 

El deporte mundial lloró con su desgarrador llanto sobre la pista del estadio parisino de La Chapelle. Un llanto previo a otros dos pasos por el quirófano y que auguró el adiós de hoy. "No quiero poner en riesgo mi cuerpo". Carolina ha podido hasta que ha pensado que no puede. 

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