Miércoles, 18 de Marzo de 2026

Actualizada Miércoles, 18 de Marzo de 2026 a las 01:39:13 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Martes, 17 de Marzo de 2026

La mano de Bernardo Silva lo cambió todo

Ayer lo decía: Clément Turpin es uno de los mejores árbitros del mundo. Eso, sin embargo, no lo convierte en infalible. El error forma parte del arbitraje y nadie está completamente a salvo de él, ni siquiera quienes están en la élite del fútbol europeo.

 

En su favor hay que decir que, en directo, la acción de Bernardo Silva enviando a córner el disparo de Vinicius parecía completamente limpia. A primera vista daba la sensación de que el brazo estaba pegado al cuerpo y que la intervención era totalmente legal.

 

Pero el fútbol actual no se queda solo con la primera impresión. Con la repetición pausada, con diferentes ángulos y con la calma que permite el VAR, la jugada cambia.

 

Analizándola con detenimiento no queda demasiada duda: Bernardo Silva termina haciéndose más grande, separa el brazo derecho y lo utiliza para bloquear el disparo. Esa acción interrumpe una ocasión clarísima y evita un gol prácticamente cantado.

 

La revisión fue más larga de lo habitual, aunque no precisamente por la mano. El asistente había señalado un posible fuera de juego previo y desde la sala VAR tuvieron que comprobar si realmente existía esa posición antirreglamentaria.

 

Finalmente confirmaron que no había fuera de juego, lo que dejó la jugada limpia para su análisis principal. Con todo aclarado, la decisión fue coherente con el reglamento: intervención justificada del VAR, penalti correctamente señalado y expulsión acorde a las reglas del juego.

 

El futbolista del City impide una ocasión manifiesta de gol utilizando la mano. En este tipo de acciones no existe la llamada “rebaja disciplinaria”: aunque se señale penalti, la expulsión se mantiene.

 

Vinicius transformó la pena máxima, pero la nota negativa llegó en su celebración. El brasileño se excedió provocando a la grada local, llegando incluso a tachar de llorones a los aficionados.

 

Si el colegiado francés hubiese percibido claramente esa actitud, lo más probable es que hubiese sido merecedora de amonestación. Y con Vinicius apercibido, esa tarjeta le habría costado perderse la ida de los cuartos de final.

 

En cualquier caso, Turpin volvió a estar a la altura de uno de los grandes partidos del fútbol europeo.

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