Martes, 10 de Marzo de 2026

Actualizada Martes, 10 de Marzo de 2026 a las 19:07:25 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Martes, 10 de Marzo de 2026

Con el fuera de juego automático: la polémica seguirá existiendo

El presidente de LaLiga, Javier Tebas, anunció ayer un cambio que promete ser revolucionario de cara a la próxima temporada y que afectará directamente al arbitraje: el fuera de juego semiautomático tiene los días contados.

 

Que nadie se asuste, no significa que vayamos a volver a los fuera de juego de antaño, aquellos en los que todo dependía del ojo humano y del árbitro de VAR. La idea es, en realidad, dar un paso más en la evolución tecnológica del fútbol: pasar del fuera de juego semiautomático al fuera de juego totalmente automático.

 

Hasta ahora, el sistema es “semi” automático porque todavía existe una parte del proceso que depende de la intervención humana. Concretamente, el árbitro de VAR debe indicar al sistema el frame exacto en el que se produce el golpeo del balón, es decir, el punto de partida de la jugada. A partir de ese momento, la tecnología hace el resto: calcula posiciones, traza líneas y determina si existe o no posición antirreglamentaria.

 

Eliminar ese paso manual supondría un avance importante para los árbitros. El sistema elegiría automáticamente el momento del contacto con el balón, reduciendo así la posibilidad de discusión en jugadas milimétricas. Y no son pocas: esos fueras de juego ajustados suelen protagonizar portadas y tertulias al día siguiente de cada jornada.

 

Sería bonito pensar que con un sistema totalmente automático desaparecería la polémica. Pero la realidad del fútbol moderno invita a pensar justo lo contrario. La polémica forma parte del espectáculo, y en cierto modo también lo alimenta. Si no se cuestiona al árbitro, se cuestionará otra cosa.

 

Hasta ahora, en los fueras de juego más ajustados, la sospecha recaía sobre el árbitro de VAR: si había elegido mal el frame, si había manipulación o si existía alguna intención oculta. Con un sistema completamente automático, las excusas simplemente cambiarán de objetivo. Se hablará del software, de quién lo diseñó, de quién calibró las cámaras o de qué intereses hay detrás de la tecnología.

 

Así es la sociedad futbolera actual: cuando los resultados deportivos no acompañan, siempre aparece una explicación externa. Y en ese escenario, el arbitraje —sea humano o tecnológico— seguirá siendo el blanco más fácil.

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