
El mundo del deporte profesional lleva años rompiendo esquemas en materia financiera, y las criptomonedas no iban a ser la excepción. Lo que hace apenas un lustro sonaba a experimento friki de un jugador con ganas de llamar la atención, hoy es una tendencia real con casos documentados en la NFL, la NBA, LaLiga y el fútbol internacional. La pregunta ha evolucionado a cómo se está haciendo y qué marco legal lo sustenta.
Los pioneros que abrieron el camino
El primer nombre que aparece en cualquier conversación sobre salarios en cripto es el de Russell Okung. El jugador de la NFL publicó en Twitter un escueto "páguenme en Bitcoin" en 2019. Año y medio después lo consiguió, pues la mitad de su contrato de 13 millones de dólares anuales con los Carolina Panthers se canalizó a través de la startup Zap, que convertía el pago en fiat directamente al activo digital. Para fijar el valor de esa conversión, el sistema tomaba como referencia el par Bitcoin USD, el indicador estándar del mercado que refleja en tiempo real cuántos dólares equivale cada unidad de la criptomoneda; sin ese tipo de referencia, estructurar un contrato con criptoactivos sería sencillamente inviable.
En el fútbol europeo, el caso más llamativo llegó desde España. En enero de 2021, el DUX Internacional de Madrid fichó al veterano delantero David Barral, convirtiéndose en el primer club del mundo en completar un traspaso íntegramente en criptomonedas, con la plataforma Criptan como intermediaria. Ese mismo año, Lionel Messi recibió parte de su prima de fichaje en el PSG en fan tokens del club parisino a través de Socios.com, un hito que legitimó la práctica ante la opinión pública global.
El fenómeno no se detuvo ahí. En la NBA, jugadores como Klay Thompson o André Iguodala de los Golden State Warriors negociaron partes de sus salarios en criptoactivos. Mientras que en el fútbol holandés, el AZ Alkmaar llegó a ofrecer a toda su plantilla la posibilidad de cobrar en Bitcoin a través de un acuerdo con su patrocinador Bitcoin Meester. El deporte profesional estaba, sin duda, experimentando una transformación silenciosa pero consistente.
El marco jurídico: el verdadero campo de juego
Aquí es donde el asunto se complica y donde entra en juego el derecho deportivo. En la gran mayoría de los países, la legislación laboral exige que los salarios se abonen en moneda de curso legal, lo que técnicamente impide incluir criptomonedas como medio de pago directo en un contrato laboral convencional. La única excepción notable hasta la fecha es Nueva Zelanda, donde la normativa permite expresamente remunerar en activos digitales bajo ciertas condiciones.
La solución que han encontrado clubes y jugadores es que el club paga en moneda fiat y, de manera paralela o posterior, una empresa intermediaria especializada convierte ese importe al activo digital elegido. Así se respeta la legalidad laboral sin renunciar a la preferencia del deportista. Eso sí, esta arquitectura contractual requiere una redacción precisa de los acuerdos complementarios para evitar conflictos fiscales, ya que las autoridades tributarias de cada país tienen criterios distintos sobre el momento en el que se genera la obligación impositiva y sobre cómo valorar el activo en ese instante.
Por último, en Europa la entrada en vigor del reglamento MiCA ha aportado mayor certeza regulatoria al ecosistema cripto, facilitando que los asesores legales de clubes y jugadores puedan estructurar estos acuerdos con más garantías.


















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