Mediocre arbitraje de Muñiz Ruiz en el Bernabeu

El arbitraje va, ante todo, de acertar. Pero no solo de eso. Un colegiado puede incluso tomar decisiones correctas y, aun así, dejar una sensación pobre si falla en algo esencial: la gestión del partido. Convencer a los jugadores, transmitir autoridad, hacerse respetar sin estridencias y sentir el control del juego sobre el césped es tan importante como señalar un penalti o mostrar una roja.
Y ahí, Muñiz Ruiz volvió a suspender. Pita encogido, no convence, no transmite; parece una bombilla fundida en medio del foco del Bernabéu.
ð¥ OPINIÃN
ð° Mediocre arbitraje de Alejandro Muñiz Ruiz en el Bernabeu
ð£ï¸ "La roja perdonada a Rüdiger es indefendible, el VAR, mientras tanto, de vacaciones de Semana Santa anticipadas"
â½ï¸ #RealMadridGetafe
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Si, además, durante los 90 minutos se van acumulando error tras error, resulta imposible sostener un análisis benévolo. Lo preocupante no es que haya tenido una mala noche —todos pueden tenerla—, sino que cuesta recordar una actuación realmente solvente suya. Y hablamos de un árbitro con escarapela FIFA, algo que, viendo su rendimiento, resulta difícil de entender.
En la primera parte el Getafe repartió a placer. La roja perdonada a Rüdiger es indefendible: el rodillazo sobre Diego Rico, con el balón fuera de disputa y el rival en el suelo, es una acción violenta. No mira la pelota, impacta de forma voluntaria y con el adversario a su merced. Acción de roja directa. El VAR, mientras tanto, pareció estar ya de vacaciones de Semana Santa anticipadas.
También quedó sin señalar un penalti claro de Juan Antonio Iglesias, que intercepta con el brazo abierto un centro de Vinicius. Muñiz Ruiz explicó a Dani Carvajal que el brazo iba al apoyo, pero cuesta sostenerlo cuando está separado del cuerpo y ampliando volumen. Penalti de manual.
No todo fue negativo: expulsó a Mastantuono por protestar y ahí no cabe titubeo ante la falta de respeto.
También vio la segunda amarilla a Liso por retrasar la reanudación. Correcto en esos puntos.
Pero el balance general vuelve a ser un suspenso. Muñiz Ruiz, a día de hoy, no ofrece el nivel que exige la Primera División. Y el arbitraje español necesita algo más que silbatos tímidos en escenarios grandes.

























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