De Burgos Bengoetxea se pasa el juego en la Cartuja

Mañana no habrá grandes titulares con su nombre. No abrirá portadas ni protagonizará tertulias encendidas. Nadie discutirá durante horas una decisión suya ni analizará al milímetro cada gesto. Y, sin embargo, lo que ha hecho Ricardo De Burgos Bengoetxea esta tarde en la Cartuja merece mucho más ruido del que probablemente recibirá. Porque cuando el arbitraje es excelente, simplemente desaparece.
En un derbi sevillano, donde la tensión se respira desde días antes y cualquier roce puede convertirse en incendio, mantener el control sin convertirse en protagonista es un arte. Y eso fue exactamente lo que logró el colegiado vasco: dirigir con autoridad serena, aplicar el reglamento con coherencia y medir el pulso emocional de un partido que pedía cabeza fría.
ð¥ OPINIÃN
ð° De Burgos Bengoetxea se pasa el juego en la Cartuja
ð£ï¸ "Que un derbi andaluz termine sin discusiones arbitrales no es casualidad; es mérito. Mérito de quien supo leer el partido"
â½ï¸ #RealBetisSevilla
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/lH9LztDFGT pic.twitter.com/ChAFyXSr8Oâ Pável Fernández (@PavelFdez) March 1, 2026
No hubo decisiones estridentes ni gestos teatrales. Hubo criterio. No hubo interrupciones innecesarias ni permisividad peligrosa. Hubo equilibrio. Supo cuándo dejar jugar y cuándo cortar de raíz cualquier conato de conflicto. En un escenario donde la grada aprieta y los banquillos viven al límite, De Burgos ofreció algo tan poco vistoso como imprescindible: normalidad.
Y esa normalidad es la gran olvidada del fútbol moderno. Porque la polémica vende, el error genera clics y el enfado alimenta debates interminables. Pero un arbitraje sin controversia parece no existir. Es paradójico: cuanto mejor es el trabajo del árbitro, menos se habla de él.
Que un derbi andaluz termine sin discusiones arbitrales no es casualidad; es mérito. Mérito de quien supo leer el partido, anticiparse a los conflictos y aplicar el reglamento con personalidad y discreción. Hoy el espectáculo fue el fútbol, y eso también es responsabilidad del árbitro.
Quizá mañana su nombre no aparezca en ningún titular. Pero precisamente por eso conviene escribirlo hoy. Porque pasar desapercibido, en un partido así, es lo más parecido a pasarse el juego.


























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