Miércoles, 25 de Febrero de 2026

Actualizada Miércoles, 25 de Febrero de 2026 a las 16:40:56 horas

Sandra Moreno
Sandra Moreno Miércoles, 25 de Febrero de 2026

Milán-Cortina 2026: los Juegos Olímpicos de Invierno más paritarios

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Cuando los Juegos Olímpicos de Invierno echaron a andar oficialmente en 1924, sólo había 11 mujeres en Chamonix y podían competir únicamente en patinaje artístico. El esquí alpino no les fue permitido hasta 1936, y únicamente en modalidad combinada. Cien años después, los XXV Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina d'Ampezzo, celebrados entre el 6 y el 22 de febrero de 2026, han reunido a 2.916 atletas de 92 comités olímpicos nacionales, de los cuales 1.363 son mujeres. Es decir, el 47% del total. Y han competido en un récord de 50 pruebas sobre 116 posibles.

 

Traducido a términos jurídicos y de derechos: estamos ante la edición más igualitaria de la historia de los Juegos de Invierno. Y eso, aunque pueda parecer sólo una estadística deportiva, tiene implicaciones que van mucho más allá del medallero y que es el resultado de décadas de lucha feminista, de presión institucional, de cambios normativos y, no lo olvidemos, de mujeres que exigieron estar donde se les negaba el acceso. Ese proceso tiene nombre: es la aplicación progresiva del principio de igualdad en un espacio que, durante décadas, fue diseñado para excluirlas.

 

Cien años de camino para llegar al 47%

 

La historia de las mujeres en los Juegos de Invierno es, antes que nada, una historia de exclusión progresivamente corregida. Desde aquella primera edición en los Alpes franceses, donde la presencia femenina era simbólica y restringida, hasta hoy, cada avance ha requerido una lucha activa: contra los reglamentos, contra los prejuicios sexistas sobre la capacidad física de las mujeres, contra la idea de que los deportes de riesgo o de alta exigencia no eran para ellas.

 

En 1932, cuatro años antes de que se les permitiera esquiar, la británica Mollie Phillips se convirtió en la primera mujer abanderada de la historia de los Juegos de Invierno. Un gesto protocolario que, en su contexto, era una declaración de presencia. Las cifras de Milán-Cortina 2026 son, en cierto modo, la culminación de lo que aquel gesto apuntaba: las mujeres no son un añadido en el deporte de élite, son la mitad.

 

El derecho a competir en igualdad no es un privilegio

 

Desde una perspectiva jurídica, la paridad en los Juegos de Invierno no es un capricho del Comité Olímpico Internacional ni una concesión voluntaria: es la concreción práctica de un marco normativo internacional que lleva décadas construyéndose. La Carta Olímpica reconoce explícitamente la no discriminación por razón de sexo como principio fundamental. La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), ratificada por la inmensa mayoría de los estados participantes en estos Juegos, obliga a los estados a garantizar la igualdad de acceso de las mujeres a la actividad deportiva en todos sus niveles.

 

La paridad en la participación es un avance real e innegable. Pero sería ingenuo presentarla como el punto de llegada. En el deporte de élite, las brechas más persistentes no están ya en el número de atletas sino en otros lugares: la diferencia en los premios económicos, la desigualdad en la cobertura mediática, la escasez de mujeres en los cargos directivos de las federaciones deportivas, y la ausencia casi total de entrenadoras en los equipos de alto rendimiento masculino.

 

Hay además una dimensión que estos Juegos han puesto sobre la mesa con especial visibilidad: las atletas femeninas estadounidenses como voces políticas. Mikaela Shiffrin, Chloe Kim y Amber Glenn han utilizado sus plataformas para condenar la violencia política en Estados Unidos y para reivindicar valores de inclusión en un momento en que esos valores están siendo impugnados públicamente en muchos países. Que sean mujeres quienes lideren ese discurso en un evento deportivo global no es casual. Las mujeres en el deporte de élite llevan décadas aprendiendo que representar a su país no es sólo una cuestión de disciplina, marcas y medallas, es también cuestión de lucha por los derechos.

 

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