Si hubo insulto racista a Vinìcius, veinte partidos; si no hay pruebas, ni uno

La noticia conocida hace apenas unas horas ha vuelto a sacudir al mundo del fútbol: el jugador del Benfica, Prestianni, ha sido suspendido provisionalmente con un partido por presuntos insultos racistas a Vinicius Junior. Lo primero debe quedar absolutamente claro: mi repulsa hacia el racismo es total y sin matices.
No hay espacio para medias tintas en este asunto. Si se demostrara de forma inequívoca que el insulto existió, si hubiera una prueba clara y concluyente, yo sería el primero en exigir una sanción ejemplar. No de un partido. De veinte. O más, si hiciera falta. El racismo no puede tener cabida ni en el fútbol ni en la sociedad.
ð¥ OPINIÃN
ð° Si hubo insulto racista a Vinicius, veinte partidos; si no hay pruebas, ni uno
ð£ï¸ "Sancionar basándose únicamente en una acusación abre un precedente peligrosÃsimo"
â½ï¸ #RealMadridBenfica
ð #ChampionsLeague
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/7Z07uvgrMG pic.twitter.com/O5rU0WBAqoâ Pável Fernández (@PavelFdez) February 23, 2026
Ahora bien, precisamente porque el asunto es tan grave, requiere el máximo rigor. Y aquí es donde surge la preocupación. Si, como parece por el momento, el hecho es indemostrable, sancionar basándose únicamente en una acusación abre un precedente peligrosísimo.
El fútbol, ya de por sí tensionado y mediático, no puede entrar en una dinámica en la que señalar sea suficiente para castigar. Y eso no protege a nadie; al contrario, erosiona la credibilidad de las competiciones.
Por todo ello, no me parecería descabellado que el Benfica pusiera el grito en el cielo y defendiera con firmeza a su jugador mientras no haya pruebas concluyentes. Incluso que elevara el tono institucionalmente de cara al partido del miércoles en el Santiago Bernabéu. O plantearse incluso no presentarse al partido. No se trata de justificar conductas racistas —jamás—, sino de exigir garantías.
¿Queremos evitar escenas como la protagonizada por Prestianni y Vinicius? Entonces tomemos medidas claras y preventivas. Si se considera sospechoso que un jugador se tape la boca al hablar, regúlese y sanciónese a partir de ahora. Pero no a toro pasado, cuando la norma no estaba definida.
No sé cómo acabará todo esto. Pero es evidente que traerá mucha cola. Y ojalá, al menos, sirva para fortalecer la lucha contra el racismo sin debilitar los principios básicos de justicia y del fútbol.






















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