Un Real Madrid muy cariñoso con Quintero González cae en el Sadar

Había mucha expectativa con el reencuentro entre Alejandro Quintero González y el Real Madrid esta tarde en El Sadar.
Tras lo ocurrido hace un par de meses en el Santiago Bernabéu, en aquel Real Madrid–Celta que terminó con tres expulsiones y un ambiente muy cargado, muchos esperaban un partido tenso, miradas torvas y protestas a la mínima decisión del colegiado andaluz. Pero, lo que se vio sobre el verde fue, sorprendentemente, todo lo contrario.
ð¥ OPINIÃN
ð° Un @realmadrid muy cariñoso con Quintero González cae en el Sadar
ð£ï¸ "Pese a la derrota, el equipo blanco demostró ese señorÃo del que tantas veces presume"
ð£ï¸ "Intervención justificada, penalti claro"
â½ï¸ #OsasunaRealMadrid
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/jCMvwlHBka pic.twitter.com/byF9nFqMe6â Pável Fernández (@PavelFdez) February 21, 2026
Carantoñas, diálogos amables, algún que otro guiñito y, sobre todo, mucho respeto. Vinicius, Mbappé, Carvajal y compañía mantuvieron una relación casi cordial con Quintero González durante buena parte del encuentro.
Nada que ver con aquel clima de crispación. Quizás, precisamente gracias a aquel arbitraje en el Bernabéu, el colegiado se ganó un respeto que hoy el conjunto blanco quiso escenificar con hechos.
En lo estrictamente futbolístico, el encuentro dejó apenas una acción realmente polémica: el penalti de Courtois sobre Budimir. Una jugada que ejemplifica lo difícil que es arbitrar en el fútbol actual. En directo pareció un piscinazo claro del delantero rojillo. Incluso tras ver las primeras repeticiones, la sensación general seguía apuntando a una posible simulación del croata. Sin embargo, el VAR tenía guardado un as bajo la manga, una toma definitiva: el guardameta belga pisaba al atacante, derribándolo de forma clara.
Intervención justificada del videoarbitraje y penalti bien señalado. Una decisión que pudo marcar el devenir del encuentro y que, sin embargo, no encendió los ánimos blancos. No hubo asedios al colegiado ni protestas desmedidas. Esta vez, el Real Madrid optó por la serenidad.
Pese a la derrota, el equipo blanco demostró ese señorío del que tantas veces presume. En un estadio exigente como El Sadar y ante un árbitro con antecedentes recientes, eligió el respeto. Y eso, en tiempos de crispación permanente, también merece ser destacado.




















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