F. Europa PressLo ocurrido en el partido entre el Benfica y el Real Madrid, da una muestra más que la violencia en el futbol no solo se presenta en las gradas, o con una fuerte infracción dolosa de un jugador a otro, sino que también y desde hace un tiempo atrás se disfraza de ofensa, de injuria, cuando no de calumnia, que es algo sumamente grave atribuir a otra persona la comisión de una actividad delictual.
El tener que soportar por parte de la colectividad más que latinoamericana, la sudamericana el mote de “SUDACA”, no es para nada agradable, queriéndose marcar una diferencia entre el ser europeo con una persona que nació en otro continente.
Este tipo de desprecio, como cuando también se distingue y se hace una dolorosa diferencia con otro ser humano, además de su nacionalidad, por su raza o color o religión o sexo ya está demostrado que es de personas insensibles, perversas, y hasta de mentes estrechas, que merecen ser sancionadas, no solo en el deporte sino en toda actividad donde se manifieste todo tipo de discriminación.
También es cierto que lo que se debe medir en dichos actos lamentables es la clara voluntad de causar un daño a la persona a quien se le dice ciertas cosas que puedan molestarlo.
Es importante además ver el ámbito y las circunstancias, pues si es en una discusión donde las agresiones verbales son cruzadas, se deberá observar los límites de la imputabilidad dicho por uno y por otro, y el grado de intencionalidad con que se transmitieron esas palabras agresivas. No deja de ser esto una acción de violencia, no física, pero si sicológica que también es condenable.
José Emilio Jozami Delibasich





















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