F. Europa PressAna Alonso y Oriol Cardona, que ya habían superado todas las expectativas con el bronce y el oro que habían capturado el jueves en las pruebas de esquí de montaña, deporte debutante en esta cita invernal, elevaron la apuesta y este sábado realzaron aún más su gesta en los Juegos de Milán-Cortina d'Ampezzo (Italia) al lograr un nuevo bronce para España en el relevo mixto.
Alonso, nacida hace 31 años en Granada; y Cardona, de idéntica edad y natural de Banyoles (Girona), acabaron terceros el relevo mixto, de nuevo en Bormio, una prueba que ganaron los franceses Thibault Anselmet y Emily Harrop, por delante de los suizos Marionne Fatton -primera campeona olímpica de la historia de este deporte- y Jon Kistler.
Ana Alonso y Oriol Cardona. 'Anita' y 'Uri', para amigos y allegados. Y el esquí de montaña. Dos nombres y una modalidad prácticamente desconocidos para el gran público español que se han convertido, de golpe, en materia de máxima actualidad informativa, al protagonizar una de las mayores gestas de todos los tiempos para el deporte español.
Portadas de periódicos, apertura de informativos, apasionadas retransmisiones radiofónicas en directo e incluso sesudos análisis en tertulias -no necesariamente deportivas- es en lo que se han traducido los más que sobresalientes éxitos logrados por esta pareja de flamantes estrellas nacionales; en un país en el que hasta hace (literalmente) tres días la inmensa mayoría de sus ciudadanos desconocían casi por completo en qué consiste una modalidad que, a grandes rasgos, combina el esquí nórdico con el alpino, usando técnicas propias del alpinismo.
En exactamente 102 años, los transcurridos entre los primeros Juegos de invierno, los de Chamonix (Francia), en 1924, y éstos de Milán-Cortina d'Ampezzo -los vigésimo quintos de la historia-, el deporte español había ganado cinco medallas. Y en tan sólo tres días, el astro gerundense y la 'súper mujer' de Sierra Nevada añadieron otras tres. Las primeras dos, además, en tan sólo quince minutos: sirviendo un explosivo cóctel de bronce y oro que el pasado jueves embriagó a media España.
Tuvieron que pasar 54 años, además, para que Cardona se convirtiera en el segundo campeón olímpico invernal de toda la historia de España: emulando la hazaña del madrileño Francisco Fernández Ochoa, el inolvidable e irrepetible 'Paquito', en el eslalon de esquí alpino de los de Sapporo (Japón).
Lo del jueves ya había sido un auténtico delirio. Apenas unos minutos después de que la andaluza Alonso -que hace cuatro meses sufría graves lesiones al ser atropellada por un coche- capturase bronce, el catalán Cardona ganaba el segundo oro de invierno para España; emulando a 'Paquito', con una salvedad: la muy merecida victoria del genio de Cercedilla en la pista del Taineyama (el monte Taine) fue completamente inesperada.
La del astro gerundense, en el duro circuito del Stelvio -ascendiendo, con pieles de foca; subiendo escaleras, con los esquís en la mochila, y descendiendo por una 'mini pista' de gigante y atento siempre a no cometer errores en las transiciones- sí se podía esperar. Oriol había llegado a Italia como doble campeón europeo y mundial y tenía a su alcance unas medallas, en las que -según explicó en una entrevista con Efe justo antes de los Juegos- prefería no pensar.
Cardona, discípulo del gran Kilian Jornet, el 'hombre de las montañas' por excelencia, saldrá del inabarcable territorio olímpico -22.000 kilómetros cuadrados, el más extenso de la historia olímpica- con un oro y un bronce. Como el deportista español más laureado de toda la historia del olimpismo invernal español. Casi nada
Lo que no tenía nadie tan claro es que 'Anita' se fuese a sumar a la fiesta. Con tanto ímpetu, además.
Hace apenas cuatro meses, le había atropellado un coche mientras entrenaba en bicicleta; y, según el parte médico -entre otras lesiones y dolencias en la zona izquierda del cuerpo- sufrió la rotura de los ligamentos cruzado anterior y colateral interno con edema óseo en la rodilla, fisura de maléolo y luxación acromioclavicular. Pero prefirió no operarse -de momento- para hacer realidad un sueño olímpico que acabó elevando a la enésima potencia.
Cuando casi nadie apostaba por ella, sí lo hizo su federación, el propio Oriol y su entorno más próximo. Y, por supuesto, su entrenador, el asturiano Javier Argüelles, que lleva diez años 'picando piedra' junto a la 'Wonderwoman' de Sierra Nevada -la única en descender esquiando las caras norte de los Picos Veleta, Mulhacén y Alcazaba (la más peligrosa de las tres)- y que, especialmente estos pasados meses, también se hizo merecedor del más alto reconocimiento, personal y profesional.
Porque entre los dos lo lograron. Si fue 'cum laude' la mención para Cardona, no lo fue menos para Ana, que pudo dedicarle esa medalla a su padre, Gerardo Alonso, guía de montaña, fallecido en accidente -en la Vereda de las Estrellas- hace quince años; que da nombre al Albergue Universitario de Sierra Nevada y que fue quién la introdujo en este mundo en el que, con una rodilla rota, en tres días capturó dos bronces.
Como la melodía era realmente buena, granadina y gerundense decidieron que la música no tenía por qué parar.
Tras una jornada absolutamente inusual para ambos, por la desproporcionada demanda de atención que suscitaron el jueves, dedicaron la jornada del viernes a regresar a su imaginaria burbuja, poniendo en su sitio organismo y despejando mente. Conscientes de que sus rivales, especialmente Francia, buscarían la revancha.
Este sábado, volvieron a brillar. En una disciplina que se disputa en un circuito -con unas transiciones en las que siempre hay más que perder que ganar- similar al del sprint, aunque más largo, con más subida y un último tramo, posterior al descenso, en el que hay que calzarse de nuevo la 'piel de foca', antes de dar el relevo. En la que empiezan las mujeres y en la que ambos integrantes del dúo completan, alternándose, dos postas.
Harrop y Anselmet querían defender su condición de actuales campeones del mundo lograda el año pasado, en los Mundiales de Morgins (Suiza). Pero Alonso y Cardona ya sabían lo que era ganar en este circuito, en el que se anotaron la prueba 'test' olímpica de la Copa del Mundo que, asimismo la pasada temporada, que tuvo lugar en Bormio.
La gala Harrop dominó con claridad la primera posta, en la que Alonso acabó segunda la bajada, pero perdió mucho tiempo en la transición final, dándole el relevo a Cardona en cuarta posición, por detrás de Fatton y de la italiana Alba de Silvestro, que hacía pareja con Michele Boscacci ; con quien acabaría quinta
Oriol recuperó un puesto y le dio el relevo a Ana en tercera posición; una plaza que la granadina mantuvo de nuevo en la bajada, después de la cuál volvió a cometer un error, al ponerse la piel de foca fuera de la zona reglamentaria y entregó el imaginario testigo a Oriol en quinta posición. ´
Con la espada de Damocles encima -en espera de una posible sanción-, 'Uri' afrontaba el último relevo a 37 segundos y una décima de la cabeza de la carrera, recuperando rápidamente el tercer puesto.
Anselmet y Kistner estaban lejos, pero Cardona dejó atrás con claridad al estadounidense Cameron Smith, que fue cuarto junto a Anna Gibson.
El tercer puesto estaba asegurado; pero también el suspense, porque casi nadie sabía el alcance de la sanción que le impondrían a los españoles.
Anselmet entró en meta con un crono de 26 minutos, 57 segundos y 44 centésimas, once segundos y 86 centésimas mejor que el del dúo suizo. Cardona cruzó tercero, a 26 segundos y medio. Con una ventaja de algo más de 16 segundos respecto al norteamericano.
Momentos de incertidumbre, de tensión; incluso de miedo. Pero la penalización fue de tres segundos y el bronce se quedó en manos españolas. Lo habían vuelto a hacer: Ana Alonso y Oriol Cardona completaron otra gesta. Deportívamente hablando ya son inmortales.

















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