El Atleti disfruta de un gran arbitraje ante el Brujas

El empate a tres entre el Club Brujas y el Atlético de Madrid ha sido un partido eléctrico, cambiante y por momentos caótico. En ese contexto de máxima exigencia, el arbitraje de Glenn Nyberg ha destacado por su seriedad y su capacidad para mantener el control.
No ha sido una actuación perfecta, pero sí muy solvente, especialmente por la forma en que se ha repuesto a un error inicial.
ð¥ OPINIÃN
ð° El Atleti disfruta de un gran arbitraje ante el Brujas
ð£ï¸ "En un partido tan emocional, el Atléti disfrutó de un arbitraje equilibrado, sin decisiones caprichosas ni pérdidas de control"
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ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/Mipe0T79Vr pic.twitter.com/7AFyWtFVoVâ Pável Fernández (@PavelFdez) February 18, 2026
La acción más controvertida ha llegado nada más comenzar, con el penalti por manos de Roberto Seys. El balón le cae llovido al defensor, que tiene el brazo claramente abierto, muy separado del cuerpo, ampliando volumen de manera evidente.
Resulta extraño que Nyberg no lo apreciara en directo. La única duda razonable estaba en si el jugador había tocado previamente el balón con la cabeza; de haber sido así, la mano habría pasado a ser no punible.
No fue el caso. El VAR intervino acertadamente y, tras la revisión, se señalaron los once metros. Decisión correcta, aunque necesitada de apoyo tecnológico.
Lo más destacable llegó después. Lejos de venirse abajo o perder criterio, Nyberg mantuvo la calma y aplicó un listón coherente.
Se reclamó un penalti por manos de Koke, pero la acción nada tenía que ver con la anterior: el brazo estaba en posición natural, sin ocupación antirreglamentaria del espacio.
También se pidió pena máxima por un pisotón de Marcos Llorente, en una jugada sin presión y con el balón ya lejos, más accidental que punible. Y hubo protestas por una acción de Marc Pubill, resuelta correctamente como carga legal hombro con hombro.
En un partido tan abierto y emocional, el Atlético disfrutó de un arbitraje equilibrado, sin decisiones caprichosas ni pérdidas de control.
Más allá del lunar inicial, Nyberg firmó una actuación muy seria y muy correcta, propia de un colegiado que supo rehacerse para acabar siendo protagonista por su acierto.

























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