Martínez Munuera llega exhausto a la ducha del Metropolitano

El Metropolitano vivió una noche de Copa eléctrica, intensa y desbordada, de esas que dejan rescoldos durante días.
El foco, cómo no, ha apuntado directamente a Juan Martínez Munuera. Desde el barcelonismo se ha clamado contra el arbitraje, señalando decisiones clave que, a su juicio, condicionaron el encuentro. Y es cierto que hubo acciones polémicas.
ð¥ OPINIÃN
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ð£ï¸ "El análisis más honesto para el Barça debe empezar mirando su propia fragilidad defensiva antes que el arbitraje"
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Pero quizá convenga empezar por otro sitio: cuando te hacen cuatro goles en la primera parte, el problema difícilmente puede reducirse al silbato.
Entrando en las jugadas discutidas, la primera gran acción llega en el minuto 49. Giuliano Simeone entra con excesiva dureza sobre Alejandro Balde, clavándole los tacos por encima del tobillo.
Martínez Munuera mostró amarilla, pero la acción tenía ingredientes suficientes —intensidad alta y evidente riesgo de lesión— como para que el VAR recomendara una revisión por posible roja. No lo hizo, y ahí nace una queja razonable.
En el 57, el gol anulado a Cubarsí encendió aún más los ánimos. A velocidad real, el fuera de juego resulta imperceptible. Sin embargo, con el frame detenido y las líneas correctamente trazadas, el central aparece ligeramente adelantado.
La polémica se alimentó por la larga revisión: desde el CTA se comunicó que el fuera de juego semiautomático falló por la densidad de jugadores, obligando a un trazado manual. La explicación existe, pero la sensación de incertidumbre quedó.
En el 71, Lamine Yamal reclamó penalti por un leve contacto de Ruggeri. Contacto hay, sí, pero demasiado ligero como para justificar una pena máxima en un partido de este calibre. Dejar seguir fue lo mas coherente.
Y en el 84, la roja a Eric García terminó de incendiar el debate. Inicialmente amarilla al entender que Araujo podía intervenir, el VAR corrigió al apreciar que estaba lejos y retrasado. Cambio de criterio bien aplicado.
Fue un partido loco, de pulsaciones disparadas. Martínez Munuera acabó exhausto. Pero más allá de sus aciertos y errores, quizá el análisis más honesto para el Barça deba empezar mirando su propia fragilidad defensiva antes que el arbitraje.


























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