El CTA actúa con rapidez y firmeza en el caso del árbitro asturiano detenido por supuesta suplantación y violación
F. EPLa figura del árbitro de fútbol ocupa un lugar central en el desarrollo del deporte profesional. Su autoridad no se limita a aplicar el reglamento durante noventa minutos, sino que se extiende a la credibilidad de la competición y a la confianza que aficionados, clubes y jugadores depositan en ella. Por eso, cualquier hecho que pueda poner en entredicho esa imagen debe abordarse con la máxima seriedad y sin titubeos.
El comunicado emitido ayer por la tarde por el Comité Técnico de Árbitros, en el que se informa de la detención de un árbitro profesional de Segunda División y de su inmediata suspensión cautelar, va precisamente en esa línea. Ante la aparición de informaciones en diversos medios de comunicación, la Real Federación Española de Fútbol ha optado por activar los mecanismos internos previstos y abrir un expediente de investigación para aclarar los hechos. Una decisión necesaria y, sobre todo, responsable.
Ser árbitro conlleva una serie de poderes y obligaciones que van mucho más allá de los límites del terreno de juego. No se trata solo de sancionar faltas o señalar penaltis, sino de representar a un colectivo que debe ser sinónimo de imparcialidad, rigor y ejemplaridad. Cuando existe el riesgo de que la conducta de uno de sus miembros pueda dañar la imagen del arbitraje en su conjunto, la actuación contundente no es una opción: es una obligación.
La suspensión cautelar no prejuzga el resultado final del proceso ni vulnera la presunción de inocencia. Al contrario, protege tanto al propio colegiado como al colectivo arbitral, evitando que la polémica se traslade a los partidos y que se genere un clima de sospecha permanente. En un contexto de máxima exposición mediática, la rapidez en la respuesta es clave.
Por todo ello, es justo felicitar al Comité Técnico de Árbitros por su rápida intervención y por apartar al colegiado hasta nueva orden. La transparencia, la firmeza y el respeto a los procedimientos son el mejor camino para preservar la integridad del arbitraje y, con ella, la del fútbol profesional.























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