F: ShutterstockEl argentino Matías Almeyda llegó al principio de este curso al banquillo del Sevilla, después de que ya lo hiciera como futbolista en una temporada que acabó con el descenso, y la tónica como técnico no encuentra hasta ahora el camino deseado en una entidad hundida en una inestabilidad accionarial que se ha extendido a lo económico y lo deportivo.
Quizá por esa crisis institucional, en un club que hace pocos años ganaba títulos y encadenaba participaciones en la Liga de Campeones, Almeyda sigue en el cargo tras el carrusel destituciones de entrenadores en las últimas campañas sin que se viera una solución en un equipo que en las pasadas tres temporadas, como en ésta, juega a no descender.
Con parecidos resultados, e incluso mejores, entrenadores han dejado el cargo antes de tiempo con los actuales rectores, quienes perdieron la estabilidad con los entrenadores después de que Unai Emery, que logró tres títulos de la Liga Europa durante su etapa (2013-16), desestimara la renovación para probar en el fútbol continental.
Después llegó el argentino Jorge Sampaoli, que cerró otra gran temporada (16-17) y que por ello no siguió al atender la llamada para ser seleccionar nacional de su país, situación con la que se cerró una continuidad en el banquillo sevillista, salvo el período de Julen Lopetegui (19-22), en el que también se rindió a gran altura en la zona alta de la clasificación y con otro título europeo incluido.
Tras el técnico vasco el club no ha sabido aguantar a entrenadores como José Luis Mendilibar, el uruguayo Diego Alonso, Quique Sánchez Flores, Xavi García Pimienta y, en ocasiones, la labor interina de Joaquín Caparrós.
Almeyda entró con buen pie y los primeros resultados dieron ilusión a la afición, además de que su discurso y manifestaciones calaron en todos los estamentos de la entidad, pero ahora algunos sectores del sevillismo empiezan a cuestionar sus tácticas, dirección y manejo de la situación en el transcurso de los partidos.
El bonaerense ya destacó este domingo tras el milagroso empate en el Sánchez-Pizjuán frente al Girona (1-1) que se ha de tener claro que éste "no es el club que ganó las copas" en los últimos años, sino que juegan "para salvar la categoría".
Fue muy autocrítico y reconoció que ante el conjunto gerundense "ha sido uno de los peores primeros tiempos" de su suyos y que el rival les superó "en todo", aunque también quiso defenderse de los que le critican sus sistemas.
"El Sevilla no juega con presión hombre a hombre en todo el campo, lo que sí hice en otros equipos, pero aquí no", puntualizó Almeyda tras el partido, mientras que en la víspera ya tuvo que referirse a una posible destitución.
El argentino aseguró que "sería un débil" si se parase "a pensar" en esa posibilidad, puesto que se definió como "un luchador" que estará en el cargo "hasta el momento que decidan" los dirigentes y que, además, llegado el caso, "no reclamaría ni dinero".
"No me interesa eso. Deseo salvar la categoría y le estoy metiendo todo lo que tengo. Si después consideran que tiene que haber otro, no soy de los que va a llorar. Me traje el bolso, soy nómada desde los 15 años. Pero deseo cumplir mi contrato (hasta 2028) y tengo unas ganas terribles de que esto acabe bien", añadió entonces.
El Sevilla anunció la contratación de Almeyda, que el próximo septiembre cumplirá 53 años, el pasado 16 de junio después de que dirigiera en las últimas tres temporadas al AEK de Atenas, al que llegó tras arrancar su carrera en los banquillos nada más colgar las botas en la campaña 2011-12 con River Plate, a quien devolvió a la máxima categoría del fútbol argentino tras una temporada en Segunda.
En la 2015-16 se marchó al CD Chivas Guadalajara de México, donde vivió una exitosa etapa que se prolongó por tres temporadas y en las que llegó a proclamarse campeón del torneo clausura en 2017, dos veces campeón de la Copa MX -Apertura 2015 y Clausura 2017- y la Supercopa 2015-16.
Además, se proclamó campeón de la CONCACAF Champions League 2017-18 y en 2019, antes de dar el salto a Europa, inició una nueva andadura en la MLS estadounidense, en los San José Earthquakes, donde militó hasta 2022.
Ahora, en su segunda etapa en el Sevilla, club en el que jugó en la temporada 1996-97, tras ser el fichaje más caro de su historia hasta entonces, Almeyda, que anunció el pasado septiembre que "Dios quiera que el proceso sea parecido" en España al que tuvo en el Chivas de Guadalajara, no lleva ese camino que ansiaba.














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