Mientras unos se tiran a la piscina, Rashford prefiere seguir luchando

En una época en la que el fútbol parece debatirse entre el espectáculo y la picaresca, una acción concreta puede convertirse en un pequeño acto de resistencia. Eso es lo que ocurrió ayer en el Barça–Mallorca, en una jugada que se ha hecho viral y que tiene a Marcus Rashford como protagonista inesperado de una lección que muchos parecen haber olvidado.
Corría una internada del inglés en el área mallorquinista. Morey Bauzá le encimaba, había contacto, el suficiente como para que otros muchos futbolistas hubieran visto el cielo abierto: dejar la pierna, exagerar la caída, levantar los brazos y reclamar penalti como si acabaran de ser arrollados por un tren de mercancías. Pero no. Rashford eligió otra cosa. Eligió fútbol. Eligió seguir luchando, intentar llegar al balón y buscar el remate, aun sabiendo que quizá el árbitro no señalaría nada.
ð¥ OPINIÃN
ð¢ Mientras unos se tiran a la piscina, Rashford prefiere seguir luchando
ð£ï¸ "Otros hubieran dejado la pierna, exagerado la caÃda, reclamado penalti como si acabaran de ser arrollados por un trailer. Rashford eligió otra cosa"
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/yS9PkYjnsp pic.twitter.com/w1bsPDt1qoâ Pável Fernández (@PavelFdez) February 8, 2026
Y ahí está la diferencia. En una jugada tan breve como reveladora se resume el contraste entre dos formas de entender este deporte. La de quienes priorizan el balón, la portería y el juego; y la de quienes se olvidan de todo eso para centrarse únicamente en engañar al árbitro en beneficio propio. Todos sabemos quiénes son, no hace falta señalarlos con el dedo.
Lo triste es que por culpa de estos comportamientos perdemos todos. Perdemos fútbol. Perdemos continuidad en el juego. Perdemos ocasiones claras, perdemos goles y, lo que es peor, perdemos la esencia de un deporte que debería premiar el talento y el esfuerzo, no la simulación y el teatro.
La acción de Rashford no acabó en gol, ni en penalti, ni en titulares gloriosos. Pero sí dejó algo más valioso: un recordatorio de cómo debería jugarse al fútbol. Con honestidad, con ambición y con respeto por el juego. Ojalá cunda el ejemplo. Porque el fútbol, cuando se finge menos y se juega más, es infinitamente mejor.

















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