Sábado, 07 de Febrero de 2026

Actualizada Sábado, 07 de Febrero de 2026 a las 12:52:57 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Sábado, 07 de Febrero de 2026

Arbitraje con mucha personalidad de Munuera Montero en Balaídos

El arbitraje moderno exige mucho más que conocer el reglamento. Se necesitan árbitros con criterio, lectura de juego, valentía, disciplina, respeto y un sinfín de cualidades que no siempre se enseñan en un manual. Sin embargo, por encima de todas ellas destaca una que marca la diferencia en los grandes escenarios: la personalidad.

 

Hay colegiados con poca, otros con demasiada, y encontrar el equilibrio justo es lo verdaderamente complicado. Sin ese equilibrio, el arbitraje pierde sentido y credibilidad.

 

Todo esto viene a colación del arbitraje de José Luis Munuera Montero en el Celta-Osasuna de anoche. El penalti señalado a Catena por manos no admite discusión alguna. La acción es clara, evidente y sancionable.

 

No hay interpretación posible ni margen para la duda. La polémica no nace de la decisión final, sino de lo que ocurre antes, cuando Valentín Pizarro Gómez, desde la sala VAR, decide intervenir y mandar al colegiado andaluz al monitor para revisar una supuesta falta previa.

 

La acción sobre Fer López es, siendo generosos, un leve pisotón. Por decir algo. En realidad, se trata de un pequeño raspón, inocuo, sin intensidad ni consecuencias, de esos contactos que se producen decenas de veces durante un partido y que nunca deberían ser motivo de revisión.

 

Ahí es donde aparece el exceso de personalidad desde el VAR, confundiendo su función y traspasando una línea peligrosa: la del rearbitraje.

 

Munuera Montero, lejos de dejarse influir, revisó la acción con calma y mantuvo su decisión inicial. Ese gesto habla de personalidad, de convicción y de respeto por su criterio. El VAR está para corregir errores claros, obvios y manifiestos, no para reinterpretar el fútbol a cámara lenta ni para buscar faltas microscópicas que solo existen en el monitor.

 

Por todo ello, la actuación del árbitro andaluz fue excepcional. Curiosamente, además, se trató del primer penalti que señala esta temporada en Primera División. Era el único colegiado que aún no había pitado ninguno y necesitó diez partidos para hacerlo. Quizá porque, cuando lo hace, está convencido. Y eso, en el arbitraje, vale oro.

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