F. ShutterstockJames Dalton, científico especializado en el descubrimiento de fármacos, recuerda con orgullo el momento en que, a principios de los años 2000, su equipo observó que las glándulas prostáticas de ratas tratadas con un nuevo compuesto se habían encogido notablemente. Este hallazgo marcó el nacimiento de la ostarina, un modulador selectivo del receptor de andrógenos (SARM) diseñado para imitar los efectos positivos de la testosterona y los esteroides anabolizantes, pero minimizando sus efectos secundarios. Dalton y su equipo buscaban aplicaciones médicas como el tratamiento de la pérdida de masa muscular en pacientes con cáncer, osteoporosis, fragilidad en ancianos e incontinencia en mujeres.
Sin embargo, según informa The New York Times, tras la publicación de su investigación, la ostarina comenzó a circular fuera del ámbito médico. Distribuidores estadounidenses la importaban, principalmente desde China, y la vendían en internet, a menudo sin control de calidad real. Pronto, la Agencia Antidopaje de Estados Unidos y la Agencia Mundial Antidopaje detectaron su presencia en atletas de élite, incluyéndola en la lista de sustancias prohibidas. Desde entonces, numerosos deportistas de distintas disciplinas han dado positivo por ostarina, lo que ha derivado en sanciones, exclusiones de competiciones y la retirada de medallas olímpicas. Incluso se han detectado casos en caballos de competición.
La ostarina se ha popularizado entre los atletas porque incrementa la masa muscular magra, pero su uso no está exento de riesgos. Dosis elevadas pueden provocar efectos secundarios graves, como la supresión de la producción natural de testosterona y la infertilidad en hombres. Además, la sustancia es propensa a contaminar otros suplementos durante la fabricación, lo que ha llevado a que algunos atletas den positivo sin haber consumido intencionadamente el fármaco. Los controles antidopaje, capaces de detectar cantidades ínfimas, han revelado que muchos casos positivos podrían deberse a contaminación accidental.
Un aspecto especialmente polémico es la facilidad con la que la ostarina puede transmitirse entre personas, incluso a través del sudor o el contacto íntimo. Se han documentado casos en los que atletas han sido absueltos tras demostrarse que la sustancia llegó a su organismo por compartir equipamiento deportivo o por relaciones sexuales con una pareja que consumía ostarina. Sin embargo, la política de tolerancia cero de la Agencia Mundial Antidopaje, que no establece umbrales mínimos para la mayoría de las sustancias prohibidas, ha generado preocupación entre los deportistas, quienes temen ser sancionados por exposiciones accidentales.
El caso de Sidney Milani, atleta estadounidense de bóbsled, ilustra esta problemática. Milani dio positivo por una cantidad mínima de ostarina y, tras una investigación, se determinó que probablemente la había ingerido de forma accidental a través de una bebida energética preparada por su pareja, quien sí consumía la sustancia. Aunque su sanción fue reducida, Milani perdió la oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos y expresó su frustración por la falta de justicia en el sistema antidopaje.
Dalton, por su parte, ha dejado de participar en el desarrollo de la ostarina y ahora colabora con organismos antidopaje para combatir su uso indebido en el deporte, lamentando que su descubrimiento haya tenido consecuencias tan inesperadas. Mientras tanto, la ostarina sigue sin estar aprobada para uso humano, aunque se continúan realizando ensayos clínicos para su posible aprobación en el futuro.



















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