F: ShutterstockLa declaración de concurso de acreedores de la empresa Anastia Gourmet Hostelería, gestora del Sky Bar del estadio Santiago Bernabéu, constituye un caso paradigmático de la colisión entre la ambición simbólica y la realidad económica.
Este espacio, concebido como la joya de la corona del renovado coliseo madridista —un palco supervip de 700 metros cuadrados, ubicado en el anillo superior del estadio, con vistas panorámicas al campo, dos terrazas de 250 metros cuadrados cada una y cerca de 200 butacas de lujo— ha transitado en un plazo sorprendentemente breve desde la promesa de máxima rentabilidad y prestigio a la insolvencia formal.
El detonante jurídico ha sido la solicitud de concurso necesario presentada por Diageo, el grupo británico de bebidas que controla marcas como Johnnie Walker, Guinness o J&B.
El Juzgado de lo Mercantil número 5 de Madrid declaró el concurso el pasado 19 de diciembre, a instancias de este acreedor, que reconoce una deuda impagada de 115.000 euros. Sin embargo, la cifra es apenas la punta del iceberg: según recoge la resolución judicial, Anastia arrastra una deuda global que supera los cinco millones de euros, con impagos generalizados a una pluralidad de acreedores.
El caso trasciende ampliamente la anécdota de un negocio hostelero fallido. Se convierte en un estudio de manual sobre los riesgos de la gestión empresarial en entornos de alta exposición mediática, la laxitud en los criterios de adjudicación de concesiones estratégicas y la creciente sofisticación de las estrategias procesales de los acreedores en el marco de la vigente Ley Concursal.
Diego Fierro Rodríguez





















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