Miércoles, 04 de Febrero de 2026

Actualizada Miércoles, 04 de Febrero de 2026 a las 19:14:15 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Miércoles, 04 de Febrero de 2026

Que vuelva ya Gil Manzano

El arbitraje vive instalado en una contradicción permanente: exigimos infalibilidad a quienes juzgan acciones que, en muchos casos, ni siquiera admiten una verdad absoluta.
 
En ese contexto, el “neverazo” impuesto a Jesús Gil Manzano tras su arbitraje en el Real Sociedad–Barça resulta, como mínimo, desproporcionado e injusto.
 
 
Castigar a un árbitro con la sanción más dura posible —dejarlo sin pitar— por errores puntuales de apreciación es un mensaje peligroso. No hablamos de saltarse protocolos, ni de desprecio a un futbolista, ni de conductas impropias.
 
Hablamos de decisiones interpretativas, de esas que forman parte del ADN del arbitraje y que, por definición, generan debate. Penalizar eso con la nevera equivale a asumir que el error humano no tiene cabida, cuando el propio reglamento deja margen a la interpretación.
 
Si un colegiado atraviesa un mal momento, si se considera que no está fino o que necesita recuperar confianza, existen soluciones mucho más coherentes y constructivas.
 
Designarle partidos de menor repercusión, reducir presión mediática, acompañarlo y corregirle desde dentro. Eso sí es gestionar. Mandarlo al congelador es, sencillamente, apartarlo del problema sin resolver nada.
 
La nevera solo debería abrirse ante errores imperdonables. Saltarse el protocolo VAR, faltar al respeto a jugadores o técnicos, actuar de forma chulesca o inapropiada.
 
Ahí no hay debate posible. Pero cuando el error nace de la apreciación, cuando el primero que quiere acertar es el propio árbitro, la sanción pierde sentido y se convierte en escarmiento público.
 
Entristece ver a Gil Manzano dentro de la nevera, no solo por él, sino por lo que simboliza. Porque hoy es él y mañana puede ser cualquiera. Porque así no se protege al árbitro, se le expone. Y porque el fútbol necesita árbitros con personalidad, no jueces temerosos de equivocarse.
 
Por todo ello, la reclamación es clara y sincera: que vuelva ya Gil Manzano al verde. Donde, con errores y aciertos, pertenece.
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