El CTA se queda sin récord: el de cero intervenciones de VAR en una jornada

La jornada 22 de LaLiga estuvo a punto de pasar a la historia. No por un gol imposible, ni por una goleada inesperada, sino por algo tan poco habitual como simbólico: cerrar una jornada completa sin intervenciones del VAR. Un hito que el Comité Técnico de Árbitros rozó con la yema de los dedos… pero que terminó escapándose en el último suspiro.
Durante todo el fin de semana, el contador permaneció inmaculado. Ni en el partido del viernes, ni en los cuatro del sábado, ni en los cuatro del domingo hubo necesidad de que el videoarbitraje entrara en acción. Nueve encuentros, cientos de minutos, decenas de acciones grises, fueras de juego milimétricos y contactos en el área que, esta vez sí, parecían haberse resuelto a la antigua usanza: con el criterio del árbitro de campo.
ð¥ OPINIÃN
ð¢ El @CTARFEF se queda sin récord: el de 0 intervenciones de VAR en una jornada
ð£ï¸ "Completar una jornada sin VAR hubiera sido una pequeña victoria para el arbitraje tradicional"
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/MKaVGiZL5M pic.twitter.com/PuQ7AP9rQMâ Pável Fernández (@PavelFdez) February 2, 2026
Solo faltaba el último escollo. El partido del lunes entre Mallorca y Sevilla era la última bala para que el CTA pudiera celebrar, aunque fuera en silencio, un récord inédito esta temporada. Pero llegó la jugada fatídica: un penalti claro de Carmona sobre Virgili, mal peritado por César Soto Grado. Pablo González Fuertes desde el VAR tuvo que intervenir y, con ello, se esfumó la ilusión.
Porque sí, hablamos solo de un número, de una estadística más. Pero también de un símbolo. En un fútbol cada vez más intervenido, más diseccionado y más dependiente de la tecnología, completar una jornada sin VAR habría sido una pequeña victoria para el arbitraje tradicional.
El enfado no viene tanto por la intervención en sí, justa y necesaria, sino por cómo se produjo: nueve partidos limpios y, en el último, jarro de agua fría. Más aún si se compara con otras jornadas, como la 20, que acumuló hasta ocho intervenciones, o con las cuatro fechas que, hasta ahora, solo han registrado una.
Así pues, el casillero a cero tendrá que esperar. El reto sigue ahí. Y los árbitros, si quieren alcanzarlo, deberán afinar aún más. Porque el récord no se regala: se pita.


























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