
El derbi vasco siempre ha sido un territorio de alta tensión, de duelos al límite y de pulsaciones disparadas. Precisamente por eso, exige de los árbitros algo más que aplicar el reglamento de forma mecánica: pide criterio, sensibilidad y, sobre todo, sentido común. Nada de eso se vio en la decisión de Guillermo Cuadra Fernández de expulsar a Brais Méndez cuando la Real Sociedad aún mandaba en el marcador.
Corría alrededor del minuto 82 y el partido entraba en ese terreno incómodo donde cada acción se magnifica. Unai Simón se preparaba para sacar de puerta cuando Brais Méndez y Aitor Paredes se engancharon en una bronca tan habitual como previsible en un derbi. Hubo contacto, sí. Hubo brazos de uno y otro, también. Lo que no hubo, ni de lejos, fue una agresión merecedora de una tarjeta roja directa.
Brais Méndez vs Aitor Paredes ð
El momento en el que la Real Sociedad vio la tarjeta roja directa y se quedó con uno menos ðº#LALIGAenDAZN â½ pic.twitter.com/JsiegRrSST— DAZN España (@DAZN_ES) February 1, 2026
Como puede observarse en el vídeo, Brais levantó el brazo en un forcejeo, Paredes hizo lo que tantos futbolistas hacen desde hace años: irse al suelo y exagerar el impacto llevándose las manos a la cara. La reacción del colegiado fue inmediata… y desproporcionada. Sin dudar, sin contrastar, sin acudir al VAR. Roja directa y asombro absoluto en el jugador, en sus compañeros y en cualquiera que estuviera viendo el partido con un mínimo de honestidad.
Lo más preocupante no es solo la decisión en sí, sino la forma. Tal y como señaló Mateu Lahoz, Cuadra Fernández ni siquiera vio con claridad la acción. Dio la espalda a la jugada, delegó la responsabilidad en su asistente y aun así se atrevió a expulsar a un futbolista por una supuesta “fuerza excesiva” que nadie logra encontrar en las imágenes. En una era en la que el VAR existe precisamente para evitar injusticias flagrantes, negarse a revisar una acción tan determinante resulta, como mínimo, irresponsable.
La expulsión cambió el partido. La Real Sociedad, que estaba por delante, se quedó con diez jugadores y el Athletic acabó aprovechando su superioridad numérica. El debate ya no fue el fútbol, sino el arbitraje. Y eso es lo peor que le puede pasar a un derbi: que el árbitro pase de ser un actor secundario a protagonista absoluto.
Como apuntó Lahoz, “el árbitro no puede dar la espalda al fútbol”. Y en San Mamés, Cuadra Fernández lo hizo dos veces: en la expulsión de Brais Méndez y en otras acciones clave del partido. Expulsar a un jugador sin tener la certeza de una agresión real, sin revisar las imágenes y con el contexto de un forcejeo mutuo, es una decisión grave que desvirtúa la competición.
El fútbol español no necesita árbitros infalibles, porque eso no existe. Necesita árbitros valientes para reconocer dudas, usar las herramientas disponibles y no castigar con la máxima pena acciones que no lo merecen. Lo de Brais Méndez no fue justicia arbitral: fue un error que condicionó un derbi y dejó una sensación de injusticia difícil de borrar.























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