Domingo, 01 de Febrero de 2026

Actualizada Domingo, 01 de Febrero de 2026 a las 17:27:51 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Domingo, 01 de Febrero de 2026

Borrachera de piscinazos en el Bernabeu

El Real Madrid–Rayo Vallecano dejó una sensación amarga que va mucho más allá del resultado. No por falta de ocasiones, ni por ausencia de talento, sino por algo mucho más decepcionante: la insistencia enfermiza de varios jugadores blancos en buscar el engaño antes que el gol. Piscinazos constantes, protestas exageradas y una actitud que empobrece el juego y desespera al aficionado.

 

En este contexto aparece la figura de Isidro Díaz de Mera, el árbitro manchego, que tuvo una tarde complicada pero notable. No picó el anzuelo. No se dejó arrastrar por caídas teatrales ni por aspavientos desmedidos. Dio una auténtica cátedra de templanza y criterio. Eso sí, su arbitraje no fue perfecto: cada piscinazo debería conllevar una amarilla, y esa pedagogía disciplinaria brilló por su ausencia.

 

Porque lo de hoy fue un catálogo de intentos de engaño.

 

Pero vamos por partes, nada más comenzar la segunda parte, en el minuto 46, Vinicius se plantaba prácticamente solo ante Augusto Batalla. Mendy acompaña la jugada, hay espacio, hay ventaja, hay posibilidad clara de gol… pero no: el brasileño decide dejarse caer buscando la roja. Se pierde una ocasión manifiesta por priorizar el castigo al rival antes que el beneficio propio.


Sin tiempo para digerirlo, en el mismo minuto, Mbappé reclama penalti también. Ratiu es imprudente, sí, le pone las manos en la espalda, juega con fuego. Pero la reacción del francés es desproporcionada, estrepitosa, más propia de una obra de teatro que de un delantero de élite. Díaz de Mera vuelve a acertar: no hay penalti.

 

En el minuto 55, Vinicius reincide. Lejeune se acerca, no hay contacto, y aun así el brasileño se desploma buscando una pena máxima inexistente. En el 79, más de lo mismo: nueva caída ante Lejeune, esta vez fuera del área, intentando rascar una falta peligrosa. El central del Rayo parece estar en todas, pero el problema no es él, sino el recurso constante al suelo.

 

Y por si faltaba algo, en el minuto 86, Mbappé firma uno de los piscinazos más grotescos de la tarde. De nuevo Lejeune cerca, de nuevo ningún contacto decisivo, y una caída exagerada, saltando por los aires como si hubiera sido arrollado por un tren de mercancías. De risa, si no fuera porque es triste.

 

Entre tanto teatro, también hubo fútbol… y decisiones arbitrales de peso. Destacar la justísima roja a Pathé Ciss en el minuto 80. Entrada durísima, tacos por encima del tobillo sobre Dani Ceballos, con un riesgo de lesión altísimo. Acción de roja clara, sancionada además sin necesidad de VAR, lo que refuerza el mérito del colegiado.

 

Y ya en el minuto 97, el penalti de Mendy a Brahim Díaz. El defensa del Rayo intenta despejar, falla estrepitosamente y acaba golpeando al atacante a la altura de la cadera. Acción torpe, desafortunada, pero sancionable. Penalti claro dentro de una tarde caótica.

 

El resumen es sencillo y doloroso: nos perdemos fútbol. Nos perdemos ocasiones, goles y jugadas espectaculares porque algunos prefieren caer antes que competir. El engaño no dignifica, no suma y no hace mejor al equipo.


Menos piscinazos —vomitivos— y más fútbol, por favor. Porque el talento está ahí, pero el respeto al juego, no

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