Ni castigo ni desprecio: la UEFA sí confía en el arbitraje español

La semana pasada escribí desde la irritación. Desde la sensación de agravio. La UEFA afrontaba una jornada europea sin un solo árbitro español designado sobre el verde para la Champions ni la Europa League, y el mensaje parecía claro: desconfianza, castigo o, como mínimo, desprecio.
Era difícil no sentirse molesto cuando otros países sí estaban representados y España, una de las grandes ligas del continente, quedaba fuera.
ð¥ OPINIÃN
ð¢ Ni castigo ni desprecio: la UEFA sà confÃa en el arbitraje español
ð£ï¸ "El mensaje de UEFA es claro, descanso en la penúltima jornada, para llegar frescos a la jornada mas decisiva"
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/H1lWBYYMEG pic.twitter.com/DCqlIhvPEAâ Pável Fernández (@PavelFdez) January 26, 2026
Pero el fútbol, como casi todo, exige paciencia. Y esta semana, la última jornada de la fase de liga, la más decisiva, la que marca destinos y define clasificaciones, la UEFA ha hablado con hechos. Tres árbitros españoles han sido designados para partidos de máxima exigencia.
Jesús Gil Manzano dirigirá el Eintracht Frankfurt–Tottenham, José María Sánchez Martínez estará al frente del Mónaco–Juventus y Alejandro Hernández Hernández arbitrará nada menos que un Manchester City–Galatasaray.
No son partidos menores. No son compromisos de relleno. Son encuentros cargados de tensión, de presión mediática y de trascendencia deportiva. Y ahí estarán los árbitros españoles.
El mensaje, ahora sí, parece evidente: descanso estratégico en la penúltima jornada para llegar frescos, preparados y con plena confianza a la más importante. Gestión, no castigo. Planificación, no desprecio.
Sin embargo, este giro no tendrá eco. Los medios de comunicación trompeteros, tan rápidos para amplificar el error arbitral y tan diligentes para señalar, no dedicarán ni una línea a este reconocimiento implícito.
No interesa. No vende. Atacar al árbitro genera ruido, polémica y clics; alabar su trabajo o contextualizar decisiones, no.
El arbitraje español tiene defectos, como cualquier colectivo humano. Pero también tiene nivel, experiencia y credibilidad internacional. La UEFA lo sabe, aunque no siempre lo explique.
Y mientras algunos prefieren seguir tocando la trompeta de la crítica permanente, los hechos, esta vez, hablan por sí solos.























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