Kylian Mbappe, imán de penaltis

Otra vez Kylian Mbappé. Otra vez un penalti. Y ya no es casualidad ni una anécdota puntual: empieza a ser una costumbre que roza lo exagerado.
El delantero francés parece vivir permanentemente en el área rival y, partido tras partido, acaba provocando penas máximas con una facilidad pasmosa.
ð¥ OPINIÃN
ð¢ Kylian Mbappé, imán de penaltis
ð£ï¸ "La clave está en su estilo. A diferencia de otros atacantes, que juegan al primer toque, Mbappé conduce, conduce mucho, rápido y en espacios reducidos"
â½ï¸ #VillarrealRealMadrid
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/bzzeiI4UwS pic.twitter.com/1PiCZlTYr5â Pável Fernández (@PavelFdez) January 24, 2026
Va casi a penalti por encuentro, una estadística que habla tanto de su talento como del sufrimiento de los defensas que le persiguen.
El último episodio llegó en el minuto 92 del Villarreal - Real Madrid, cuando el partido agonizaba y las pulsaciones estaban al límite.
Pedraza se lanzó con todo al suelo, sin medir bien la acción, y en lugar de tocar balón terminó derribando claramente al internacional francés. Penalti indiscutible.
De esos que no admiten debate ni interpretación: llegada tarde, contacto evidente y caída inevitable.
La pregunta surge sola: ¿por qué a Mbappé le pitan tantos penaltis? La respuesta va más allá de una supuesta protección arbitral o de la fama del jugador.
La clave está en su estilo. A diferencia de muchos atacantes actuales, que juegan al primer toque y buscan descargar rápido el balón, Mbappé conduce. Conduce mucho, rápido y en espacios reducidos. Encarar es su naturaleza.
Ese modo de jugar convierte cada acción en un examen para el defensor. Si llega tarde, hay penalti. Si duda, hay penalti.
Si se tira al suelo sin calcular, hay penalti. Mbappé obliga a decidir en décimas de segundo, y casi siempre gana él. No porque finja, sino porque provoca el error.
No es teatro, es física, es velocidad. Un jugador que arranca con tanta potencia dentro del área es, inevitablemente, un generador de faltas. Un imán de penaltis.
Quizá por eso desespera tanto a los rivales y alimenta la sensación de abuso. Pero no es privilegio: es consecuencia.
Mientras siga encarando, conduciendo y buscando el contacto, los penaltis seguirán cayendo. Y no será culpa del árbitro, sino del talento descomunal de Mbappé.

























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