F: larazon.esLa lucha que el exjugador de baloncesto Urbano González comenzó cuando fue diagnosticado de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) ha continuado hasta su final: su última voluntad fue donar su cerebro al Instituto de Neurociencias para contribuir a la investigación de enfermedades como la que acabó con su vida.
"Supongo que será para las enfermedades que se estén analizando en este momento en ese instituto. No creo que sea para la ELA, aunque nos gustaría", ha confesado en una entrevista con EFE su viuda, Ana Carlota Amigo.
Urbano, ha proseguido, "decidió donar su tejido cerebral al Instituto de Neurociencias de Castilla y León, con sede en Salamanca, además de donar sus órganos para distintos receptores", ha dicho.
Amigo, que fue consejera de Empleo de Castilla y León por Ciudadanos, se ha mostrado muy orgullosa de su marido y de este último gesto que confía en que sirva para ayudar a muchas personas.
Urbano González ha sido un referente del deporte leonés, un empresario de la apicultura ecológica y una de las voces más reivindicativas con la enfermedad.
Este lunes la sociedad leonesa se despedía de él con un multitudinario funeral en la basílica de La Virgen del Camino de (León) en la que el féretro de Urbano González entró apoyado en los hombros de sus compañeros del mundo del baloncesto.
Urbano González falleció el pasado sábado a consecuencia de la Esclerosis Lateral Amiotrófica que padecía desde hacía tres años y medio.
En ese tiempo, Urbano González ha sido una de las voces más potentes para la visibilización de una enfermedad que lo tenía, según sus propias palabras, "atrapado en su propio cuerpo".
En los últimos años había reivindicado desde su silla de ruedas más ayudas para la enfermedad por considerar que la falta de estas obligaba a optar por la eutanasia a muchos enfermos que en realidad querían seguir viviendo.
Desde su diagnóstico en julio de 2022, Urbano González ha abanderado la causa de la ELA, algo de lo que se sentía orgulloso.
La última de las iniciativas que había puesto en marcha es un libro, ‘La abeja que enfermó de ELA’, una obra elaborada por la docente Diana Emperador con fines benéficos que relata la historia de Urbano, empresario de la apicultura ecológica desde 1994, cuando abandonó las canchas de baloncesto.











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