F. ShutterstockEl pasado domingo por la mañana, el mismo día que se jugaba la final de la Supercopa, pude confirmar en persona con el interesado que cuando vuelva a haber elecciones a la presidencia del Real Madrid habrá un rival y una alternativa real y seria para el madridismo.
No me corresponde a mí anunciarlo, sino al interesado, y, además, mis 40 años de experiencia periodística me aconsejan ser prudente porque desde hoy hasta la fecha legal queda mucha tela que cortar.
En 2 años y 9 meses le pueden pasar muchas cosas inesperadas al interesado, que no son predecibles. Entre esas cosas también podría suceder que el propio Florentino termine apoyando a esta persona. Florentino quiere ser “eterno” y cuando no esté él, quiere que esté su clon, su doble más joven, su ahijado: Anas Laghrari.
Tan banquero, que tengo dudas sobre si la pretendida, comunicada en Asamblea, y muy confusa “privatización” parcial del Real Madrid es idea de Anás o de Florentino. Ambos son hombres brillantes, con una diferencia generacional evidente.
Tomadas las precauciones lógicas y debidas por mi parte, lo que sí sé es que a fecha de hoy la persona en cuestión tiene decidido presentarse.
En esta ocasión, cuando haya elecciones, a Florentino no le valdrá convocarlas a hurtadillas como hizo en 2021. El candidato estará preparado y no sucederá como en procesos anteriores en los que Florentino se presentó solo.
Los estatutos del club están hechos para que el presidente que está, se quede. Es un protocolo nada democrático que favorece al que está y quiere seguir, con plazos mínimos y requisitos económicos muy elevados.
Tampoco creo que Florentino pueda contar con Rafa Nadal para ser el Presidente Institucional con Anas de presidente real. Florentino Pérez sabe muy bien el motivo por el que Rafa Nadal no podría ser lo que había pensado para el futuro.
Puedo afirmar que la persona que será candidato a la presidencia del Real Madrid tiene la antigüedad suficiente como socio y la capacidad económica para poner el aval exigido. Y puedo añadir que lo pondrá él solo, sin necesidad ni voluntad de apoyarse económicamente en otros miembros de su candidatura.
No quiere, como le pasó a Joan Laporta, que una parte del aval la pusieran terceros, lo que genera ataduras y servidumbres lógicas con esas personas.
La persona en cuestión esperará los tiempos que marcan los estatutos y el fin de mandato. No ejercerá oposición pública ni entrará en el barro, salvo que se intente un cambio de gobernanza o una privatización encubierta.
Por tanto, el madridismo y los socios deben saber que el Real Madrid no se acaba en Florentino y que cuando llegue el momento habrá una alternativa. Los socios podrán escuchar otras ideas y decidir entre al menos dos opciones y no una sola.





















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