Inadmisible, cierre del RCD Stadium ya

Lo ocurrido en el añadido de la segunda parte del Espanyol–Girona traspasa cualquier análisis futbolístico o arbitral.
El lanzamiento de botellas desde la grada al terreno de juego, con una de ellas impactando en la cabeza del portero del Girona, Paulo Gazzaniga, es una imagen inadmisible que avergüenza al fútbol español y que exige una respuesta inmediata y contundente.
ð¥ OPINIÃN
ð¢ Inadmisible, cierre del RCD Stadium ya
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â½ï¸ #EspanyolGirona
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/kYXkeKQXA8 pic.twitter.com/WbRco4jzSNâ Pável Fernández (@PavelFdez) January 17, 2026
No estamos hablando de un hecho aislado ni de una reacción puntual fruto de la tensión del partido. La afición del Espanyol es reincidente en este tipo de comportamientos, y eso agrava aún más la situación.
Cuando los incidentes se repiten, deja de ser un problema puntual para convertirse en un problema estructural que las autoridades del fútbol no pueden seguir mirando hacia otro lado.
Resulta increíble que, a estas alturas, todavía haya que recordar que lanzar objetos al campo pone en riesgo la integridad física de los protagonistas.
Hoy fue Gazzaniga; mañana podría ser un árbitro, un jugador de campo o incluso un recogepelotas. La frontera entre la protesta y la violencia se cruza en el momento en que un objeto vuela desde la grada.
La gran pregunta es inevitable: ¿qué tiene que pasar para que se cierre el RCD Stadium? ¿Esperar a una lesión grave? ¿A una desgracia mayor? La Liga no puede permitirse estas imágenes, ni por credibilidad, ni por seguridad, ni por respeto al deporte. La permisividad solo alimenta la sensación de impunidad.
El fútbol español presume de modernidad, de control y de medidas de seguridad, pero escenas como esta lo desmienten todo en cuestión de segundos. Si no hay sanciones ejemplares, el mensaje es claro: se puede repetir. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo.
No se trata de criminalizar a toda una afición, pero sí de asumir responsabilidades colectivas cuando los hechos se repiten. El cierre del estadio, aunque sea temporal, no es una medida exagerada: es una herramienta preventiva y pedagógica.
El fútbol es pasión, pero nunca puede ser violencia. Y mientras no se actúe con firmeza, estas imágenes seguirán manchando una competición que no puede ni debe normalizarlas.


























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