Sábado, 17 de Enero de 2026

Actualizada Sábado, 17 de Enero de 2026 a las 09:39:01 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Sábado, 17 de Enero de 2026

El Espanyol no quiere justicia, quiere beneficio

Lo ocurrido en el añadido de la primera parte del Espanyol–Girona vuelve a dejar una reflexión incómoda, pero necesaria, sobre cómo se entiende la justicia arbitral cuando las decisiones no benefician a uno mismo.

 

Dmitrovic detenía un penalti, pero el VAR ordenaba repetirlo porque el guardameta serbio tenía uno de sus pies claramente fuera de la línea en el momento del golpeo. Reglamento puro y duro. Sin interpretación posible.

 

La norma es clara desde hace tiempo: en el lanzamiento del penalti, el portero debe tener al menos un pie pisando la línea de gol. No cerca, no rozándola, no “casi” encima. Pisando la línea. Dmitrovic no lo hacía, y el VAR, cuya función es corregir infracciones objetivas, actuó como debía. Gustará más o menos, pero es exactamente para esto para lo que existe.

 

Lo verdaderamente llamativo fue la reacción posterior. La indignación desmedida de Manolo González y el enfado generalizado de la afición del Espanyol no se entienden desde la defensa de la justicia arbitral, sino desde la frustración por no haber salido beneficiados. Porque si ese mismo adelantamiento se produce en la portería contraria, pocos habrían levantado la voz.

 

Aquí está el problema de fondo: no se quiere justicia, se quiere ventaja. Se aplaude el reglamento cuando favorece y se cuestiona cuando perjudica. Se exige rigor solo en una dirección. Y eso no es defender el fútbol, es defender intereses propios.

 

El VAR no interpretó, no juzgó intenciones ni contextos. Se limitó a aplicar una norma objetiva, visible y comprobable. No hay margen para el debate emocional cuando la imagen muestra con claridad que el portero incumple el reglamento. La repetición del penalti no es una opinión, es una consecuencia directa.

 

Otra cosa es discutir si la norma es excesivamente estricta o si debería revisarse. Ese es un debate legítimo. Pero mientras la regla exista, debe aplicarse siempre, sin importar el minuto, el estadio o el equipo afectado.

 

Lo sucedido en Cornellà no fue una injusticia arbitral. Fue una decisión correcta que no gustó. Y conviene empezar a distinguir una cosa de la otra, porque el fútbol no puede avanzar si solo se acepta la justicia cuando sonríe.

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