Florentino Pérez y el Real Madrid: poder absoluto, fracaso absoluto

La actual crisis deportiva del Real Madrid no es fruto del azar ni de una mala racha puntual. Tiene un responsable claro y un nombre propio: Florentino Pérez.
El presidente blanco, en su afán de control total, ha terminado asumiendo de facto el papel de director deportivo, con consecuencias evidentes sobre el rendimiento del equipo.
Durante años se ha vendido la idea de una gestión modélica, casi empresarial, en la que cada decisión responde a un plan maestro.
Sin embargo, el fútbol no se sostiene solo con balances saneados y grandes titulares. Se gana en el césped, y ahí el Real Madrid muestra hoy carencias estructurales que no son culpa del entrenador ni de los jugadores, sino de quien decide qué piezas entran y cuáles no.
El caso más sangrante es la negativa a fichar un mediocentro tras la salida de Toni Kroos. La marcha de un futbolista que ordenaba, pausaba y daba sentido al juego exigía una respuesta inmediata en el mercado. No era una cuestión de lujo, sino de necesidad.
Aun así, Florentino optó por no reforzar una posición clave, dejando al equipo sin un faro en el centro del campo a pesar de la insistencia de Xabi Alonso. El resultado es un Madrid partido, sin un patrón reconocible, que se mueve a base de impulsos.
A esta decisión se suma otra difícil de justificar: el desembolso de 80 millones de euros en Mastantuono. Un fichaje que responde más a la obsesión por adelantarse al mercado y acaparar promesas que a una necesidad real del primer equipo.
Mastantuono, a día de hoy, no ha demostrado nada que justifique semejante inversión. No lidera, no decide y no soluciona los problemas actuales del Madrid. Es, en el mejor de los casos, una apuesta a futuro; en el peor, un símbolo de una gestión caprichosa.
En cuanto a Xabi Alonso, Florentino le puso la cruz en el mismo momento en el que le dijo que no contaría con el preparador físico Pintus. Para el presidente, la mala preparación física es la causa real del mal juego. Arbeloa, un técnico leal y servicial, pero con solo seis meses de experiencia en la tercera división, lo recuperó nada más llegar.
Florentino Pérez ha construido un club poderoso en lo institucional pero ha olvidado la planificación deportiva, además de carecer de humildad para rodearse de profesionales que sepan más que él en determinadas áreas.
Y es que gobernar el Real Madrid sin atender a las necesidades reales del juego conduce inevitablemente a crisis como la actual, un fracaso absoluto.
El madridismo pide planificación y sentido común. Y hoy, ambos brillan por su ausencia en un proyecto donde el presidente decide demasiado y acierta cada vez menos.

























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