F: ShutterstockDurante más de un siglo, el lema olímpico Citius, Altius, Fortius (más rápido, más alto, más fuerte) instaurado por Pierre de Coubertin, creador de los primeros Juegos Olímpicos Modernos, ha definido el techo de la aspiración humana en la práctica del deporte. La máxima constituyó, en realidad, la síntesis perfecta de la nueva era industrial y competitiva, una oda al esfuerzo y el resultado extremo que nos lleva hoy en día a resaltar la idea de una sociedad del rendimiento.
La superación de los límites físicos se supone que debe llevar a un instante de gloria deportiva. Así ha ocurrido en la historia del deporte. Sin embargo, el siglo XXI nos ha colocado frente a un espejo diferente. Ya no basta con ser veloces o fuertes si no somos capaces de sostener esa excelencia en el tiempo. Hoy, a esa tríada clásica, el mundo demanda añadir una cuarta palabra que cambie el paradigma de nuestra sociedad, Longaevus. Esto es, longevo. Un concepto que redefine el progreso humano desde el bienestar general. Más allá del rendimiento o la competición.
La longevidad no es simplemente "vivir mucho". Es la ciencia y el arte de mantener la vitalidad, la función cognitiva y la participación social hasta el último aliento.
Miguel A. Betancor León
Doctor en Psico-Pedagogía





















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