Las 48 horas más largas de José Luis Munuera Montero

Hay partidos que se juegan mucho antes de que el balón eche a rodar. Para José Luis Munuera Montero, las 48 horas previas a pitar una final de Supercopa entre FC Barcelona y Real Madrid no son solo la antesala de un encuentro de fútbol: son, probablemente, un ejercicio de resistencia mental.
Mientras los futbolistas se refugian en concentraciones, charlas tácticas y rutinas por todos conocidas, el árbitro vive un partido distinto. Uno que se juega en silencio, lejos de los focos, pero con la certeza de que será observado con lupa desde el primer hasta el último segundo. Porque en un Clásico no existe el término medio.
ð¥ OPINIÃN
ð¢ Las 48 horas más largas de José Luis Munuera Montero
ð£ï¸ "No habrá VAR que salve al árbitro andaluz del juicio popular cuando los escudos pesan más que las reglas"
â½ï¸ #BarçaRealMadrid
ð #SupercopaDeEspaña
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/1Wj0oyFU9T pic.twitter.com/s0AFXTyFsEâ Pável Fernández (@PavelFdez) January 9, 2026
Munuera Montero sabe que, haga lo que haga, habrá quien vea una sospecha. Una falta que no pita será un escándalo. Una tarjeta que muestra, una provocación. Un penalti señalado o no señalado, combustible inmediato para tertulias, redes sociales y titulares incendiarios. No habrá VAR que salve al árbitro andaluz del juicio popular.
En estas horas previas, Munuera Montero probablemente repase vídeos de clásicos anteriores, reglamentos, situaciones límite. Pero, sobre todo, intentará convencerse de algo fundamental: que su trabajo no es gustar, sino impartir justicia. Una justicia imperfecta, humana, falible. Porque el árbitro no es una máquina, aunque a menudo se le exija comportarse como tal.
Arbitrar un Barcelona–Real Madrid no es solo tomar decisiones; es soportar la sospecha permanente. Es saber que un buen arbitraje apenas se menciona, pero un error —real o percibido— te acompaña durante semanas. Es aceptar que el éxito, en su caso, consiste casi en pasar desapercibido.
Quizá por eso estas 48 horas pesan tanto. Porque Munuera Montero no solo se prepara para dirigir un partido histórico, sino para caminar por un campo minado, donde la objetividad es un ideal y la crítica, una certeza.






















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