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Pável Fernández
Pável Fernández Jueves, 08 de Enero de 2026

Mateo Busquets Ferrer y el arte de arbitrar partidos grandes

El Atlético de Madrid – Real Madrid, correspondiente a la segunda semifinal de la Supercopa de España, es uno de esos partidos que ponen a prueba a cualquier árbitro. Intensidad, rivalidad, tensión constante y un contexto que invita al error.

 

Sin embargo, Mateo Busquets Ferrer vuelve a demostrar algo que ya empieza a no sorprender: cuanto más difícil es el escenario, mejor se mueve en él.

 

Resulta increíble la naturalidad con la que este chico gestiona encuentros de máxima exigencia. Lejos de verse superado por el ambiente o por los nombres propios, saca el partido adelante con una autoridad tranquila, casi sin estridencias, transmitiendo seguridad desde el primer minuto.

 

Da la sensación de que, por complicadas que se presenten las circunstancias, siempre encuentra la forma de controlarlas con la gorra.

 

Uno de los aspectos más destacados de su actuación ha sido la aplicación de la ventaja. Busquets Ferrer ha ofrecido una auténtica clase magistral en este sentido, interpretando a la perfección cuándo dejar seguir y cuándo cortar el juego.

 

Gracias a ello, el partido ha ganado en fluidez y ritmo, evitando interrupciones innecesarias que solo habrían beneficiado a la confusión y a la protesta.

 

Además, ha permitido el contacto natural del juego y no se ha dejado engañar por los numerosos intentos de simulación o exageración por parte de los futbolistas.

 

En un duelo donde ambos equipos han buscado cargar de tensión cada acción, el árbitro se ha mantenido firme, leyendo bien las jugadas y tomando decisiones con criterio propio.

 

Por poner un pero a su partido, es cierto que ha podido haber mostrado alguna tarjeta amarilla más. Hubo acciones que, con otro arbitraje, habrían acabado en amonestación.

 

No obstante, también es justo reconocer que ha mantenido el mismo criterio disciplinario durante todo el encuentro para ambos equipos, algo fundamental para que los jugadores entendieran los límites desde el principio.

 

En definitiva, actuación sobresaliente, una más, de Mateo Busquets Ferrer en un partido grande. Un arbitraje que demuestra que se puede dejar jugar, aplicar el reglamento con inteligencia y pasar prácticamente desapercibido, que al final es el mayor elogio que se le puede hacer a un árbitro.

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