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Actualizada Jueves, 08 de Enero de 2026 a las 03:01:04 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Martes, 06 de Enero de 2026

El detalle del vídeo de García Verdura del que pocos hablan

La Real Federación Española de Fútbol ha publicado recientemente un vídeo en el que se hacen públicas las conversaciones mantenidas por el árbitro catalán Víctor García Verdura durante el Espanyol–Barcelona.

 

En él se aprecia cómo, a lo largo del partido, el colegiado mantiene una comunicación constante con jugadores, con árbitros asistentes y con la sala VOR, donde se encontraba el canario Juan Luis Pulido Santana. Más allá del contenido concreto de esas conversaciones, maravillosas por cierto, el vídeo deja al descubierto un problema mucho más profundo: el uso que se está haciendo de la tecnología VAR.

 

El VAR nació con un objetivo claro y limitado: corregir errores manifiestos en jugadas decisivas. No para acompañar al árbitro durante todo el encuentro, ni mucho menos para influir de forma continua en su toma de decisiones. Sin embargo, lo que muestran estas conversaciones es una especie de arbitraje compartido, casi permanente, que en mi opinión, desvirtúa por completo el espíritu con el que se introdujo esta herramienta.

 

El árbitro de campo debe ser la máxima autoridad durante el partido. Es quien ve, quien interpreta y quien decide en tiempo real con la ayuda de sus asistentes de campo. Convertirlo en un receptor constante de información externa no solo debilita su figura, sino que genera una peligrosa dependencia. El fútbol es un deporte de decisiones inmediatas, y la duda constante que puede provocar esa comunicación continua va en contra de la fluidez y la naturalidad del juego.

 

Por eso, resulta razonable defender que los micrófonos del VAR deberían permanecer apagados durante el desarrollo normal del partido y activarse únicamente cuando sea necesaria una intervención concreta. Nada más. Cualquier otra cosa abre la puerta a interpretaciones, a influencias innecesarias y a la sensación —cada vez más extendida entre aficionados y jugadores— de que los partidos no se deciden únicamente sobre el césped.

 

Además, con la publicación de este tipo de vídeos, refuerza la idea de que el VAR interviene más de lo que debería. El aficionado no necesita escuchar cada conversación técnica; necesita confiar en que el sistema se utiliza con criterio, mesura y respeto por el juego.

 

El problema no es la tecnología en sí, sino su uso. El VAR puede ser una herramienta útil si se limita a lo esencial. Pero cuando se convierte en un acompañante constante, en una voz permanente al oído del árbitro, deja de ser un apoyo para transformarse en un actor más del partido. Y eso, creo que es un error.

 

Si el fútbol quiere preservar su esencia, debe volver a marcar límites claros. El VAR debe estar para corregir lo excepcional, no para condicionar lo cotidiano. Porque cuando el árbitro deja de arbitrar solo, el fútbol deja de ser el mismo.

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