Miércoles, 07 de Enero de 2026

Actualizada Miércoles, 07 de Enero de 2026 a las 18:14:42 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Lunes, 05 de Enero de 2026

El fuera de juego de Brais Méndez tiene mucha miga

El fútbol moderno vive atrapado entre líneas, fotogramas y debates interminables. Cada decisión arbitral parece necesitar una lupa tecnológica para ser aceptada. Por eso, el gol anulado ayer a la Real Sociedad frente al Atlético de Madrid deja una reflexión interesante, no tanto por la polémica habitual, sino por cómo y por qué se tomó la decisión.

 

La jugada nace de un remate que acaba en gol, pero con Brais Méndez en posición de fuera de juego. Es cierto que el futbolista gallego no llega a tocar el balón. Y ahí es donde muchos centran el debate, como si el contacto fuera el único criterio válido. Sin embargo, el reglamento es claro: no hace falta tocar el balón para influir en la jugada. Y Brais influye.

 

 

Su intento de remate, un gesto claro, decidido y a escasos metros de la acción, resulta invasivo. Interfiere directamente en la capacidad de reacción tanto de Sorloth como de Jan Oblak. El delantero del Atlético duda, el portero reacciona condicionado por ese movimiento. No es una presencia pasiva ni residual: es una acción que altera el desarrollo natural de la jugada.

 

Aquí entra en juego algo que a menudo se olvida en medio del ruido: la interpretación. El fuera de juego no es solo una cuestión geométrica, sino también contextual. Y en ese contexto, el gesto de Brais Méndez tiene peso suficiente como para ser considerado interferencia.

 

Lo más destacable de la acción no es solo el acierto o error de la decisión, sino la manera en que se produce. Juan Martínez Munuera y su asistente toman la decisión en el momento, sobre el césped. Conversan unos segundos, intercambian impresiones y actúan. No hay VAR, no hay pausa eterna, no hay búsqueda de justificación a posteriori. Hay criterio arbitral aplicado en directo.

 

En una época en la que se critica a los árbitros por depender en exceso de la tecnología, esta acción representa justo lo contrario: confianza en la percepción propia, en la comunicación entre colegiados y en el conocimiento del juego. Puede gustar más o menos, pero es una decisión valiente y coherente con el reglamento.

 

El fútbol necesita tecnología, sí. Pero también necesita árbitros que interpreten el juego y asuman responsabilidades sin esconderse detrás de una pantalla. El gol anulado a la Real Sociedad es una muestra de que el fuera de juego no siempre se mide en centímetros, sino en influencia. Y ayer, esa influencia existió.

 

Porque a veces, no tocar el balón no significa no jugar la jugada.

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