Ni Vinicius ni Marc Bartra engañan a Hernández Hernández

El arbitraje suele ser el chivo expiatorio perfecto del fútbol español. Cada decisión discutida se amplifica, cada gesto se analiza al milímetro y cada partido se juzga muchas veces más por el silbato que por el balón.
Por eso conviene detenerse cuando ocurre justo lo contrario: cuando un árbitro pasa desapercibido porque acierta. Eso fue exactamente lo que sucedió en el Santiago Bernabéu en el Real Madrid–Real Betis de esta tarde, dirigido por don Alejandro Hernández Hernández.
En un escenario de máxima exigencia y con dos equipos de peso, el colegiado canario firmó un arbitraje solvente, coherente y valiente, especialmente en las dos acciones más polémicas del encuentro.
Dos jugadas que, por contexto y por protagonistas, podrían haber condicionado el partido si se hubieran resuelto desde la duda o la presión ambiental.
ð¥ OPINIÃN
ð¢ Ni Vinicius, ni Marc Bartra engañan a Alejandro Hernández Hernández
ð£ï¸ "Gran mérito del canario, con el mismo rasero en ambas áreas, sin escudos ni camisetas que alteren el juicio"
â½ï¸ #RealMadridRealBetis
ðï¸ @iusport ⤵ï¸https://t.co/WjYQjoLHta pic.twitter.com/6JHyRYdOYGâ Pável Fernández (@PavelFdez) January 4, 2026
La primera llegó con Vinicius Jr. como protagonista. El brasileño, sospechoso habitual en piscinazos, buscó el contacto dentro del área y se dejó caer esperando el penalti.
Hernández Hernández, bien colocado y con lectura clara de la acción, no compró el piscinazo. No señaló la pena máxima ni se dejó influir por el ruido del estadio. Decisión correcta y necesaria para proteger el juego y sancionar el engaño.
La segunda acción polémica tuvo lugar en el área contraria, con Marc Bartra cayendo tras un leve contacto con Jude Bellingham.
De nuevo, el árbitro interpretó correctamente la jugada: no hubo intensidad ni acción suficiente para señalar penalti. Otro intento de exagerar el contacto que fue bien detectado y resuelto con criterio uniforme.
Y ahí reside el gran mérito del arbitraje: el mismo rasero en ambas áreas, sin escudos ni camisetas que alteren el juicio. Hernández Hernández entendió el partido, dejó jugar cuando debía y actuó con firmeza cuando fue necesario, demostrando que arbitrar bien no es pitar más, sino pitar mejor.
En tiempos donde el foco suele ponerse en el error, conviene reconocer el acierto. El Real Madrid–Real Betis tuvo un arbitraje a la altura del escenario, y Hernández Hernández salió del Bernabéu con los deberes hechos. Y eso, en el fútbol actual, no es poco.


























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