
En 2030, el fútbol celebrará un siglo de la más grande de todas sus fiestas: la Copa del Mundo de la FIFA. Desde 1930, en Uruguay, el torneo se ha convertido en un patrimonio cultural global, lleno de historias que trascienden las cuatro líneas del campo. Por eso, el centenario merece algo más que lo ordinario: una edición que una pasado y futuro, tradición e innovación.
Propongo aquí un formato excepcional y único, capaz de rendir homenaje a los campeones mundiales, valorar a Sudamérica como cuna de la competición y, al mismo tiempo, preservar la lógica deportiva.
La Copa ya se ampliará a 48 equipos en 2026.
Para 2030, un aumento especial podría llevar el torneo a 64 selecciones, con un criterio técnico y simbólico claro:
- Primera fase con 16 grupos de cuatro equipos.
- Cada campeón del mundo recibiría un grupo en su territorio: Argentina, Uruguay, Brasil, Alemania, Italia, Francia, Inglaterra y España.
- Paraguay sería incluido como sede simbólica, por ser la cuna administrativa de la Copa y sede de la CONMEBOL, entidad que organizó el torneo inaugural junto a Uruguay.
- Los siete grupos restantes se distribuirían entre las sedes ya definidas para 2030 (España, Portugal y Marruecos), garantizando viabilidad logística y continuidad al proyecto aprobado.
Así, la fase de grupos se extendería por el mundo como una fiesta global, pero las fases decisivas se concentrarían en la Península Ibérica y el norte de África, reduciendo desplazamientos y costos.
Gustavo Lopes Pires de Souza






















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