F: ShutterstockTranscurrido un año desde que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) emitiera sentencia sobre el pleito del exfutbolista francés Lass Diarra, que determinó que algunos preceptos del reglamento de traspasos de la FIFA vulneraban los principios de libertad de competencia y de libre circulación de trabajadores, el caso aún sigue vivo y sus repercusiones pendientes de concretarse.
El fallo del tribunal con sede en Luxemburgo dictado el 4 de octubre del pasado año se comparó con el que protagonizó el exjugador belga Jean Marc-Bosman hace 30 años, que sacudió los cimientos del fútbol con medidas como la supresión del cupo de comunitarios en las plantillas de los clubes.
Con Diarra, quien militó en equipos como el Real Madrid, el PSG o el Chelsea, el tribunal puso en cuestión algunos puntos del reglamento de la FIFA sobre traspasos, nacido en 2001 a raíz de la sentencia Bosman, como el relativo al cálculo de compensaciones por ruptura del contrato.
El desencadenante que llevó al exjugador francés a plantear un pleito fue la multa de once millones de euros impuesta en 2015 por decisión unánime de la Cámara de Resolución de Disputas de la FIFA en 2015 -con dos representantes de los futbolistas- por rescindir su relación con el Lokomotiv de Moscú en 2014, sin causa justificada, y el que tuviera que dejar de jugar durante casi año y medio.
El caso llegó al Tribunal de Apelación de Mons (Bélgica), que fue el que lo elevó al TJUE para consultar si había o no vulneración de la libre circulación de trabajadores.
El respaldo de la máxima instancia judicial de la Unión Europea (UE) a Diarra, que ahora tiene 40 años, obligó a la FIFA a abrir un proceso inédito de diálogo con sindicatos de jugadores y clubes que desembocó en un primer paquete de cambios provisionales en varios artículos del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores (RETJ) que entraron en vigor el pasado 1 de enero.
Las modificaciones desarrollaron el concepto ‘causa justificada’ a la hora de rescindir de forma unilateral un contrato y establecieron que la compensación en estos casos se fijará de acuerdo a criterios objetivos.
FIFA mantiene abierto el diálogo
Un año después, la FIFA mantiene abierta la negociación con los distintos actores para acordar nuevas medidas encaminadas a reforzar el marco regulatorio del fútbol, dotarlo de consenso y estabilidad y fijar unas normas comunes en todo el mundo.
Sin embargo, la mano tendida del organismo que preside Gianni Infantino para zanjar los efectos del caso han chocado con la postura de Diarra.
El exinternacional francés confiaba en que la resolución del TJUE empujara al organismo a abordar una reforma integral de su normativa de fichajes, pero, a su entender, los pasos dados han sido muy escasos.
Por ello, en agosto lanzó un nuevo pulso al reclamar ante un tribunal belga una indemnización de 65 millones de euros para mitigar los daños deportivos, físicos y psicológicos sufridos por la sanción de la FIFA en su intento de fichar por el Charleroi belga.
“Libro esta batalla por todos los jugadores menos conocidos que se dedicarán a esta profesión en el futuro y que no tienen ni los medios financieros ni psicológicos para retar a la FIFA ante los jueces”, alegó Diarra cuando anunció la demanda con el respaldo del sindicato mundial de jugadores Fifpro.
Los cambios provisionales del reglamento tampoco han contentado a la fundación neerlandesa Justicia para los Jugadores (JfP), que también en agosto anunció la presentación de una demanda colectiva contra la FIFA y varias federaciones nacionales encaminada a lograr compensaciones para los futbolistas afectados desde 2002 por las reglas sobre traspasos que la justicia comunitaria estimó ilegales.
Según esta entidad, puede haber unos 100.000 los jugadores perjudicados por la normativa.
¨"Un mastodonte de pleito"
“Es auténtica locura, es un mastodonte de pleito, de una gran complejidad, y a la FIFA se le complica. Es un pasivo brutal para sus cuentas. A ver cómo acaba el tema”, remarca a EFE José Páez, abogado experto en Derecho de la UE y de la competencia y en contratación internacional.
Para la FIFA, la sentencia Diarra no ha alterado tanto el mercado de fichajes como se presuponía en un primer momento a la vista de que a mediados de este año se alcanzó un nuevo máximo histórico con 12.000 traspasos internacionales y un gasto de unos 8.330 millones de euros, más del 50 por ciento respecto al mismo periodo de 2024.
“Lo que ha pasado este año es que se han llegado a más acuerdos con el fin de no plantear pleitos”, lo justifica a EFE el abogado especializado en derecho deportivo, Juan de Dios Crespo, como vía transitoria hasta que la FIFA termine de concretar cómo fijar las cuantías por traspasos.
Para Crespo, una consecuencia del caso Diarra podría ser que otros países sigan el modelo de España de la cláusula de rescisión, que fija una cantidad concreta en el contrato para liberar al jugador en caso de que no haya acuerdo (Real Decreto 1006, que regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales).
“Otra cosa, que a mi entender podría ser lo siguiente que aborde la justicia europea, es si las cuantías de las cláusulas de rescisión son adecuadas o excesivas. Yo planteo a los clubes que no pongan 200 ó 300 millones, porque podría ser el siguiente caso que aborde la justicia europea”, barrunta el abogado.
Para Páez, la sentencia Diarra puede entenderse “tan revolucionaria como la de Bosman, porque no pone tan patas arriba el sistema, pero sí toca los cimientos de lo que es la estabilidad contractual, que es un principio clave en la normativa de FIFA”.
“Ha obligado en tres meses escasos a modificar el RETJ, aunque sea de forma provisional, y se abra un periodo de consultas. Es una novedad con la que la FIFA ha querido legitimar el cambio”, añade el abogado del bufete PZCR.



















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