
El 16 de abril de 2025, la Corte Suprema del Reino Unido emitió una histórica sentencia mediante la cual determinó que, para efectos legales, los términos “hombre”, “mujer” y “sexo” deben entenderse exclusivamente en relación con el sexo biológico[1].
Con esto, dejó claro que redefinir el sexo como algo desligado del cuerpo socavaría la coherencia legal en temas como la representación, el deporte, la privacidad, los espacios segregados y la protección de derechos. El fallo, que reinterpreta la Ley de Igualdad de 2010, fue el resultado de una consulta presentada por el grupo feminista For Women Scotland, cuando el gobierno escocés pretendía incluir a “mujeres trans” (hombres biológicos que se identifican como mujeres) en los cupos femeninos obligatorios de los organismos públicos.
Este fallo, que ha sido tema de discusión en medios internacionales y redes sociales de todo el mundo, pasó casi desapercibido en Ecuador.
Prácticamente ningún medio importante cubrió la noticia. Y ese silencio explica por qué el ecuatoriano promedio no tiene la menor idea de la guerra ideológica que se ha estado librando en Occidente durante más de una década, en la que colectivos identitarios posmodernos (relativistas), con el respaldo de poderosas instituciones y organismos transnacionales como la USAID[2], intentan reemplazar la realidad objetiva colectiva por la autopercepción y las emociones de ciertos individuos.
Ángel Cangá Corozo













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