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EDITORIAL DE IUSPORT
EDITORIAL DE IUSPORT Miércoles, 16 de Abril de 2025

La ínfima sanción a Mbappé y la violencia endógena del fútbol

A diferencia de la violencia exógena en el fútbol (racismo, denuncias, Comisión Antiviolencia,  ...), la endógena se caracteriza por tener lugar en el césped, en los lances del juego, habiendose normalizado lamentablemente en exceso, como se acaba de demostrar con el caso Mbappé.

 

Este tipo de violencia se caracteriza, pues, por producirse ‘con ocasión del juego’, siendo excepcionales los casos con el juego detenido, en los que, además, suele elevarse la graduación al nivel de agresión generalmente.

 

Volviendo a la violencia endógena, habría que valorar si el infractor actuó de forma intencionada, imprudente o fortuita. Misión que se plantea ardua pues en muchas ocasiones es muy difícil discernir la intencionalidad del autor, máxime cuando la acción se ejecuta en disputa del esférico.

 

Sin embargo, hay casos en los que una simple visualización de la jugadas a través del VAR, en la toma de la primera decisión, o en el vídeo luego por parte de los comités, permite graduar con acierto la sanción. Así debió ocurrir en el caso de Mbappé, pero no se dio.

 

Lamentablemente, siguen existiendo limitaciones que reducen el margen de actuación de los comités, unas limitaciones que, a la vista del caso Mbappé, convendría revisar. Especialmente lo relativo a las actas arbitrales. Aunque ofrecen una información presuntamente verídica sobre las conductas sancionadas, presunción que puede desvirtuarse con prueba en contrario, por su propia naturaleza no incluyen toda la información que un tribunal, en este caso el comité de disciplina, necesita para adoptar una decisión proporcional a los hechos. .

 

Esto es lo que ha ocurrido en el caso de la patada que muchos llaman “criminal” que el gran jugador francés propinó a Antonio Blanco. Hay unanimidad, salvo entre los seguidores del Real Madrid, en que la sanción de un partido impuesta a Mbappé por su entrada en plancha a Antonio Blanco es absolutamente insuficiente, si se quiere fomentar el juego limpio.

 

El hecho de que Mbappé se desentendiera del balón y ejecutara una entrada con fuerza excesiva a la altura de la espinilla sugiere una acción violenta que, independientemente de la ausencia de lesión resultante, merecía una sanción más severa, como mínimo de tres partidos, que es el máximo previsto en el art. 130 del CD de la RFEF.


Esta conclusión se fundamenta en los principios disciplinarios del deporte, que buscan sancionar las conductas violentas basándose en la gravedad intrínseca de la acción y no únicamente en sus consecuencias.

 

Es llamativo que el sistema disciplinario deportivo español permita sanciones más severas para acciones que ni siquiera atañen al contacto físico. Por ejemplo, en diciembre de 2024, Hansi Flick fue sancionado con dos partidos, uno más que Mbappé, simplemente por “salir del área técnica gritando y gesticulando, protestando unas de mis decisiones”, consignó el colegiado en el acta.

 

 

Otro fue el famoso gesto de la mano en la nariz. El Comité de Competición ha sancionado con tres partidos al delantero barcelonista Robert Lewandowski, expulsado por el Gil Manzano durante el partido ante Osasuna, quien realizó, además, un gesto de desconsideración antes de abandonar el terreno de juego y que reflejó el árbitro en el acta.

 

El acta del árbitro Jesús Gil Manzano reflejó que "una vez expulsado y cuando se dirigía hacia la salida del campo, el jugador realizó dos veces un gesto de desaprobación de la decisión arbitral, consistente en llevarse el dedo a la nariz, y apuntando después con el pulgar hacia el árbitro".

 

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Es un verdadero contrasentido que acciones inocuas desde el punto de vista de la integridad física merezcan un reproche mayor que otras susceptibles de producir lesiones graves y la de Mbappé lo fue.

 

Este comentario no obedece a que le tengamos inquina al jugador francés. Al contrario, nos parece el mejor del mundo y además con una madurez impropia de su edad. En general, podríamos decir que es un jugador ejemplar. Pero esta vez se equivocó, como reconoció el propio Davide Ancelotti.

 

Escogemos su caso precisamente porque sirve de altavoz y permite que llegue a todo el mundo, pero resulta que ha ocurrido todo lo contrario. 

 

Con sanciones como la de ayer, de un sólo partido por una acción tan potencialmente grave, no se contribuye a reducir la violencia endógena, la de las acciones violentas que se producen 'con ocasión del juego', independientemente de si causan daño efectivo o no.

 

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