F. ShutterstockEl fútbol peruano, y el latinoamericanos en general, despidió este domingo con pesar a Mario Vargas Llosa, el hincha más ilustre del Universitario de Deportes, el actual bicampeón nacional, que lamentó "profundamente" su muerte, a los 89 años.
"Lamentamos profundamente el sensible fallecimiento de Mario Vargas Llosa, nobel de Literatura, integrante de la Academia Francesa y socio honorario de Universitario de Deportes", señaló la U en un mensaje en la red social X.
El equipo crema cerró su mensaje con un: "¡Descanse en paz, Don Mario!", acompañado de una fotografía del escritor ondeando la bandera de la U en un homenaje que se le hizo en el Estadio Monumental tras ganar el premio Nobel de Literatura de 2010.
"La U es un mito, una leyenda", señaló el escritor ante 80.000 fanáticos cremas antes de agradecer "con todo el corazón este homenaje" que le hizo el club al nombrarlo "como socio honorario, para alguien que desde hace más de 60 años es un hincha de la 'U'".
La noticia sobre el fallecimiento del escritor se conoció cuando el Universitario disputaba un partido de la octava jornada del Torneo Apertura local en el Estadio Monumental frente al Melgar de Arequipa, la ciudad natal del autor de "La ciudad y los perros".
El encuentro terminó en una goleada de 4-1 del Universitario.
Alianza Lima, el clásico rival de la U, también publicó un mensaje en sus redes oficiales, en el que señaló que "lamenta profundamente el fallecimiento del escritor y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa".
"Extendemos nuestras condolencias a los familiares y a todo el país", señaló el equipo blanquiazul.
Por su parte, la Federación Peruana de Fútbol (FPF) usó su cuenta oficial en X para expresar su "pesar por el fallecimiento de Mario Vargas Llosa, peruano ilustre, premio Nobel y amante del fútbol".
"Nuestras condolencias a su familia, amigos y lectores en todo el mundo", señaló la FPF.
Mario Vargas Llosa falleció este domingo a los 89 años en su casa limeña, donde residía desde 2022 tras un largo periplo que le llevó a vivir en Europa desde la década de 1990, informaron sus hijos a través de las redes sociales.
"Con profundo dolor, hacemos público que nuestro padre, Mario Vargas Llosa, ha fallecido hoy en Lima, rodeado de su familia y en paz", escribió su hijo Álvaro Vargas Llosa en su cuenta de la red social X.
Los familiares del también autor de "Conversación en La Catedral" y "La fiesta del Chivo", entre otras célebres novelas, detallaron que, en las próximas horas y días, procederán "de acuerdo a sus instrucciones", que incluyen que no haya "ninguna ceremonia pública".
El boom de hace medio siglo
Como expresa Jordi Gracia en El País, nunca hemos sabido tan bien como ahora lo auténticamente bárbaros que fueron hace más de medio siglo dos docenas de escritores de múltiples países de América Latina.
Apenas había similitud alguna entre ellos, aunque todos fuesen herederos e hijos intelectuales de otro puñado de nombres anteriores sin vínculo demasiado fértil con España (con la salvedad quizá de tres poetas, Rubén Darío, Pablo Neruda y César Vallejo, y un cuentista precoz con pocos y malos recuerdos españoles como Jorge Luis Borges).
El fenómeno fue insólito incluso para un medio tan aficionado a ofrecer cosas insólitas como la novela: tiene algo de ensueño el inventario informal y caprichoso de títulos que hoy andan pegados con cola a las manos de los lectores sin que les pese el tiempo, aunque sí la moda.
La ventaja (o quizá la desventaja) de quienes lleguen hoy a las páginas de Conversación en la Catedral, o de Los pasos perdidos, o de Tres tristes tigres o de Cien años de soledad o de El perseguidor o de Pedro Páramo, es que tendrán acceso a una información rebosante e inabarcable sobre autores que los españoles del franquismo decrépito y la titubeante democracia empezaron a leer sin tener ni idea de nada, ni de dónde venían ni de quiénes eran en sus respectivos países.
Leer a un colombiano vestido con mono de mecánico dejó de ser una extravagancia para ser el placer de una obligación y escuchar la cadenciosa lengua peruana de Vargas Llosa se hizo rito feliz que cualquiera podía trenzar con la gangosa voz de Cortázar y sus laberintos de ingenio y ternura sin miedo a perder el tino entre la lujuria de la lengua que gastaba Cabrera Infante.





















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