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Juan de Dios Crespo Pérez
Juan de Dios Crespo Pérez Jueves, 21 de Enero de 2016

¡Hachazo desde Zurich!

Han caído las sanciones al Real y al Atlético de Madrid y FIFA ha seguido su particular cruzada contra los que no veneran su verdad. Solo faltaría mandar a la hoguera a los descreídos del credo fifesco.

 

La Inquisición, que no nació en España, como se ha hecho creer por algunos erróneos historiadores y por Hollywood, sino en la culta Francia, cuando los célebres cátaros fueron perseguidos y masacrados, tenía claro lo que buscaba: su verdad. Y esa no era más que lo que querían sus adláteres que confesaran los denunciados, sin importar pruebas o procedimientos legales.

 

Por ejemplo, se tenía derecho a un abogado de oficio, pero que solo podía perseguir lo mismo que la Inquisición: que le reo acabara confesando. También le era suficiente con dos testigos que ratificaran que alguien había actuado contra la auténtica Fe, para empezar el proceso que, en la inmensa mayoría de las ocasiones, acababa con la muerte del prisionero.

 

Parece que a FIFA le basta con eso también y que todos los extranjeros que paseen por los campos de fútbol atléticos y madridistas son una falta contraria a su reglamento de “protección (sic) de menores”. La forma de actuar del máximo organismo mundial para con la corrupción que existe desde hace décadas y que solo se ha iniciado por mor de las denuncias de la justicia estadounidense, seguida luego por la suiza y otras, no es la misma que la del verdugo en que se ha convertido para los clubes españoles.

 

Pero, lo que asombra es la minuciosidad con la que, nombre tras nombre, se busca a los menores que, supuestamente, han sido desprotegidos por el Madrid y el Atlético y, por el contrario, esa disección que se hace de cada jugador, no corresponde con una auténtica investigación de la realidad fáctica, social y legal de cada uno y el por qué están en uno u otro club.

 

Esa dicotomía en la instrucción realizada por FIFA demuestra que lo que se busca, como en el caso de la Inquisición, es la sentencia final y no los hechos que llevarían, si fueran ciertos, a la misma. Lo importante, por lo tanto, no es la forma sino el fin y éste no es otro que sancionar a los “malos” de la película, pasando por encima de los hechos y del Derecho, tanto español como incluso suizo.

 

Lo que se debe hacer, tras la sentencia, es luchar contra su ejecución, con todo el arsenal legal que existe, y que es mucho, para conseguir o bien que la sanción se anule o bien que el Reglamento de “protección” lo sea, porque más protegidos no podían estar y la sensación es la de que FIFA tiene en mente aún, son situaciones que no existen o, al menos, no en España, en las que menores eran llevados cual mercancía a jugar de un país a otro. No señores, esto no es así y esperemos que en un lugar u otro de la escala jurídica, se decida contra FIFA.

 

SandorMaraí, el exquisito escritor húngaro, nos permitió disfrutar de una novela historiada, “La noche de la hoguera”, donde la Inquisición, ésta romana, acuña distintos métodos de obtener “la verdad”… Disfrútenla.

 

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