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María J. López González
María J. López González Miércoles, 18 de Septiembre de 2024

La salud frente al calendario que se solapa

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Cada año al inicio de temporada saltan las posiciones, enfrentadas, en muchos casos, entre deportistas, clubes, ligas, y organizaciones internacionales de fútbol, en relación a si los calendarios, que, en la mayoría de los casos, se solapan, entre los mejores, pueden ser aceptados hasta el nivel de despreocuparse de los futbolistas, y de su salud. El futbolista es un trabajador, vinculado a un club, y como tal, en nuestras latitudes y, en general, en la mayoría, está protegido por la legislación laboral; y desde luego, por los mecanismos de defensa de esos derechos de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Una organización que desde el año 2003, viene celebrando el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, el día elegido el 28 de abril de cada año. Y lo hace, consciente de que son necesarios mecanismos de prevención y de concienciación de la salud y la seguridad en el trabajo.

 

Nadie cuestiona que estos futbolistas son trabajadores, y que el terreno de juego su puesto de trabajo. Y, en todo esto, al margen de todo tipo de consideraciones y matices, sobre si esta saturación de calendarios les afecta a unos cuantos, frente a otros. Lo que parece evidente que como expertos en la materia debemos advertir que se está jugando con la salud de estos trabajadores. Las lesiones cada vez son más recurrentes, y en muchos casos, habría que necesariamente implantar al plan de riesgos laborales de nuestros clubes, un mapa de concentración de horas, viajes, y desplazamientos que pueden ser contraproducentes para ese entorno saludable. Pues de eso se trata, de que el espectáculo del fútbol, no debilite el derecho a la salud de estos futbolistas. Y en un estado de derecho se debilita, si no se ponen mecanismos de defensa, para frenar posibles abusos frente a esos riesgos laborales.

 

La industria exige espectáculo, y el concurso de los mejores, pero la industria no es el dios supremo de las competiciones cuando a costa de ello, se superponen jornadas, viajes, y carreras laborales que pueden acabar en graves lesiones; y no se olvide, en el deterioro del espectáculo. Es la avaricia que arrincona la racionalidad del trabajo.

 

De ahí que algunos futbolistas, y algún sindicato, AFE, hayan hecho una llamada de atención, y desde luego, asumiendo la responsabilidad en lo que respecta a posibles lesiones en el trabajo. Está claro que ahora más que nunca, y con un mecanismo como el futuro estatuto del deportista, debiera propiciar normas y servicios para garantizar que estos trabajadores sigan jugando y ejerciendo su derecho al trabajo. Lo que reivindicaría desde aquí es una especie de observatorio de la salud, -implementando medidas estándar a nivel nacional e internacional-,  conformado por todos los implicados, para que se consensuaran estas competiciones, evitando el solapamiento, y se establecieran mecanismos inspectores que garantizara ese entorno seguro, frente a un riesgo de lesiones, ante las agravantes de competiciones sin tener en cuenta el derecho a la salud, y al ejercicio de la actividad laboral en un entorno saludable.

 

No tenemos que obviar que formamos parte del escenario de los países que suscribieron el Paco Internacional de  Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, con el que se reconoce el derecho a condiciones de trabajo seguras y saludables.

 

Teniendo en cuenta, además, que la Constitución de la Organización Mundial de la Salud afirma que “el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano”.

 

Por ello y debido a ello todos los actores del fútbol deberían  trabajar en ese observatorio, en esas medidas de implantación que eviten solapamiento de competiciones, y generar el consenso necesario sobre el derecho de estos trabajadores a la salud, para evitar el incremento de lesiones, y la fragilidad de las mismas, que, como abogada en estos temas, observamos, con frecuenta que terminan en incapacidades, tanto físicas, como síquicas. El negocio no  puede amparar y justificar todo.

 

Fdo. María José López González

Abogada

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