
En una final olímpica esperada, la balanza se inclinó finalmente por Djokovic, que volvió a ser el gran jugador que siempre fue e hizo un gran partido, ante un Alcaraz que, al contrario, no estuvo al nivel esperado.
El tenista español, que no fue capaz de aprovechar hasta ocho bolas de break en la primera manga, fue peor que el serbio en los momentos claves de un partido que agiganta la leyenda de Nole. Suyo fue el triunfo por 7-6(3) y 7-6(2), en dos horas y 51 minutos.
El partido era especialmente emotivo para Djokovic, que a sus 37 años buscaba el último título realmente significativo que le faltaba en su extraordinario historial, que comprende 24 grandes, siete Masters y una Copa Davis.
El español ya se había asegurado la medalla al alcanzar la final del torneo individual masculino de tenis de los Juegos Olímpicos tras vencer al canadiense Felix Auger Aliassime por 6-1 y 6-1, en una hora y dieciséis minutos.
Por su parte, Novak Djokovic, sin evidenciar carencia física alguna, sacó adelante el duelo contra el italiano Lorenzo Musetti (6-4 y 6-2) y se citó en la final de los Juegos Olímpicos con el español.
El ganador de veinticuatro Grand Slam, que puso en entredicho su situación física por el dolor en la rodilla que sintió el jueves ante el griego Stefanos Tsitsipas, no dio la sensación de acusar molestia alguna y venció al transalpino en semifinales después de una hora y cincuenta minutos, y la misma impresión dio en la final.
Era la primera final olímpica en la historia del serbio, que cumplía su quinta presencia en unos Juegos.














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