Ironía frente a lo “difícil de explicar”

Resulta ciertamente irónico, cuando en la circunstancia real nos encontramos con el paroxismo de que a lo que a unos beneficia; a otros puede resultar dañino e injusto.
Y esto viene a colación de la situación de un procedimiento, de inmediatez mediática, bajo el sucumbe de los titulares en el que una jugadora, miembro de la selección, presuntamente agredida tiene que asumir los costes de su defensa, y el presunto agresor y los que presuntamente ejercían presiones sobre la misma, en el turno de la fianza están amparados por una estrategia comercial como es la póliza de responsabilidad civil del ejecutivo - en vigor, cuyo tomador es la Federación Española de Fútbol, que a tenor de estas y otras causas, ya será destacable económicamente, frente a la desprotección de la víctima, miembro de la Federación, pero que sólo tiene el ser de representarla, como ha sido el caso participando en el equipo que le ha dado la mayor cota de gloria como es un mundial del fútbol femenino. Esto es u hecho, con una legalidad que retumba formando parte del determinado “derecho continental”.
Pero que como aquí de lo que se trata es de hacer hoy literatura, y no de derecho, a pesar de mi condición de abogada.
Me gustaría traer, a colación, una reflexión desde la lectura del reciente libro escrito por Salman Rushdie “Cuchillos”, acerca de su intento de asesinato; en el que utiliza la ironía como la mejor manera de hacer frente al fanatismo.
Sin comparar hechos, ni circunstancias, pero con la familiaridad que estoy leyendo este libro, me atrae al pensamiento la ironía, como mejor manera de ejemplarizar en la sociedad, a veces, situaciones injustas.
Que reflejan, hasta qué punto, es ciertamente difícil poder cambiar estructuras, organizaciones, contratos, a pesar de las buenas intenciones, y de lo que todos proclaman como buena praxis.
La presunción de inocencia es un derecho, como también lo es la protección a las víctimas (en este caso de agresión sexual); como lo es hacer negocio con las responsabilidades civiles de presuntos incumplidores de la legalidad vigente.
Pero esto no debiera ser causa – efecto, para situarnos en un rincón del rin a esperar que nos toque la próxima pelea, frente a hechos y situaciones que, por lo compleja, que pudieran ser, no debieran desviarnos del camino de la ironía, para exponer lo injusto que es que a la víctima un procedimiento penal le cueste dinero, y a los presuntos victimarios les cubra un seguro, porque le corresponde por su statu quo. Una reflexión que por prudencia no me adentro por ser parte en el proceso judicial en curso.
Pero que quiero terminar con la frase siempre elocuente de Samuel Becket “Somos otros, ya no lo que éramos antes de la desgracia de ayer”.
Fdo. María José López González
Abogada

















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