
Como bien saben los lectores de IUSPORT, la Fiscalía ha solicitado una pena de dos años y medio de prisión para el expresidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, por los delitos de agresión sexual y coacciones en la causa sobre el beso no consentido que dio a la jugadora de la Selección Española, Jennifer Hermoso, tras la final del Mundial de Fútbol Femenino, disputada el pasado 20 de agosto.
Ahora bien, el ministerio público también ha solicitado una condena de un año y medio de prisión para el exseleccionador de la Selección Española de Fútbol Femenino, Jorge Vilda, por la comisión de un delito de coacciones. Misma pena que solicita para Albert Luque y Rubén Rivera, como presuntos autores del mismo delito. A falta de confirmación oficial, la RFEF habría apartado a ambos de sus puestos en la Federación. Recordemos que Jorge Vilda ya fue destituido hace varios meses.
El Ministerio Fiscal solicita, para los cuatro acusados, la prohibición de comunicarse con la jugadora, así como de acercarse a la misma a menos de 200 metros, durante siete años y seis meses en el caso de Luis Rubiales y cuatro años en los casos de los otros tres acusados.
El fiscal solicita que Albert Luque, Jorge Vilda y Rubén Rivera indemnicen a la jugadora con la cantidad de 50.000 euros. Eso sí, de forma conjunta y solidaria, lo que significa que, si cada uno asume su parte, deberían abonar, en caso de así acordarse por el Juez, una cantidad algo superior a los 15.000 euros.
A la hora de atribuir la presunta comisión del delito de coacciones a los cuatro acusados, la Fiscalía habla de «presión constante y reiterada a la futbolista y a su entorno para que justificara los hechos acontecidos».
Tal y como relata la fiscal, las presiones comenzaron en el propio recinto deportivo, escasos minutos después de levantar la Copa del Mundo, cuando Rubiales comenzó a insistir a la jugadora para que declarase que el beso había sido consentido.
El escrito recoge que Jorge Vilda intentó que el hermano de la jugadora la convenciese ante la advertencia de que, si no hacía la declaración pública, habría «consecuencias negativas para ella».
Días más tarde, en el viaje a Ibiza de varias jugadoras, la Fiscalía sostiene que Rubén Rivera acudió a la isla e insistió a Jennifer Hermoso en que hablase con el responsable de integridad de la RFEF, órgano que había abierto un expediente en el que «se pretendía, por orden de Rubiales, su exculpación».
Pese a que la internacional se negó y pidió «que la dejaran en paz», la fiscal acusa a Rivera de seguir insistiendo e intentar presionar también a una amiga que la acompañaba para que Jennifer Hermoso hablase con el cuarto acusado: Albert Luque.
Según el ministerio público, éste también se desplazó a Ibiza para conseguir que la jugadora participase en un vídeo exculpando a Rubiales. Fue al hotel donde se alojaba y acabó enviando varios mensajes a su amiga en los que acusaba a la jugadora de «mala persona, deseándole que se encuentre muy sola en la vida y anunciándole que se alegraría si eso sucediera».


















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