Sábado, 10 de Enero de 2026

Actualizada Sábado, 10 de Enero de 2026 a las 20:08:52 horas

¡Penalti!: el lobo vigilando el gallinero

Cristina Pedrosa Leis Cristina Pedrosa Leis Miércoles, 27 de Marzo de 2024
F. ShutterstockF. Shutterstock

Empate. Minuto 92 del partido, jugador en oportunidad del gol que le daría la victoria a su equipo frente al defensa que intenta impedirlo… y de repente… caída sobre la línea del área. El pitido del árbitro desconcierta, acelera los pulsos hasta el infarto, el público se levanta, protesta y clama por el VAR. Poner foco sobre lo sucedido parece ya una exigencia para aclarar aquello que al ojo humano puede escaparse, que no haya nada que distorsione el juego.

 

Las cámaras que pedimos para poder aplicar con rigor las reglas de juego en las competiciones deportivas, esta semana pasada nos enseñaban, aunque de lejos, las entradas y registro de la UCO (unidad central operativa) de la Guardia Civil en la Real Federación Española de Fútbol por orden de un juzgado de instrucción por la posible existencia de conductas delictivas que se habrían llevado a cabo bajo el paraguas federativo de las competiciones oficiales cuya organización le corresponde. Asistimos a la noticia entre cierto asombro y cierta sensación de normalidad.

 

Sea fútbol o no, el deporte es para los deportistas esfuerzo, sacrificio y, a veces, reconocimiento y premios, y para la afición es pasión, sentir los colores, casi una religión. Pero el deporte hoy en día es mucho más. Cuando en un día de celebración festiva en una de las ciudades gallegas se celebra una yincana popular para niños, pero un niño de cinco años no puede participar con su bicicleta porque no tiene ficha federativa y no ha abonado la licencia oportuna, una se da cuenta de que puede que no solo sea deporte, que hay mucho más bajo la apariencia del amor por la camiseta o el equipo. O bajo esa excusa.

 

El modelo federativo determina que las federaciones, de naturaleza privada, sean autonómicas o de ámbito estatal, desarrollen funciones públicas delegadas. Estamos ante funciones que se les atribuyen por ley pero que no pierden su naturaleza de públicas. La totalidad de los ingresos que obtiene una federación, su razón de ser, deriva precisamente del ejercicio por delegación de funciones públicas. Sin el control de la expedición de licencias, la exclusividad para impulsar, calificar, autorizar, ordenar y organizar las actividades y competiciones deportivas oficiales de ámbito territorial de su modalidad deportiva, su razón de ser desaparecería y sus ingresos también.

 

Las leyes de las comunidades autónomas con competencia en materia de deporte disponen —aunque con pocos medios— de normas que atribuyen a un órgano público independiente la competencia de control de las federaciones y de las funciones públicas delegadas, sin embargo, en el ámbito estatal, la Ley del Deporte, que se aprobó a toda prisa y con escaso rigor, optó por dar un paso de gigante en la privatización, dejando ese control en manos de tribunales de arbitraje privados designados por las propias federaciones. El lobo vigilando el gallinero.

 

Pidamos más VAR o… más TAD (Tribunal Administrativo del Deporte), con A de administrativo, dotado de medios y donde ejercer de forma independiente el cargo no haya de convertirse en un acto de heroísmo o ser una vía de acceso a un puesto en una federación.

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Cristina Pedrosa Leis

Abogada. Profesora USC

Ex miembro del Tribunal Administrativo del Deporte (TAD)

*Publicado en La Voz de Galicia

 

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