Una nueva época para recuperar la ilusión

El nombramiento de un nuevo responsable del deporte y, el propio cambio, del Gobierno parece haber pasado desapercibido por las sentencias del Tribunal de Justicia y por la puesta en entredicho del modelo convencional.
Sin volar tan alto como la puesta en entredicho del modelo internacional del deporte lo que es cierto es que el cambio de personalidades y de actitudes es siempre un reto adicional y que a los profesores nos lleva al ejercicio intelectual de considerar cuales serían las pautas del éxito en la gestión y, por tanto, del esquema de modernidad del deporte español.
Con vocación de síntesis podemos indicar algunas pautas de lo que consideramos que conforma una gestión pública al servicio del deporte. Son estas:
1º.- La capacidad de diálogo. El mundo del deporte es poliédrico, con múltiples intereses, con posiciones encontradas. Es probable que desde el , hoy, mítico, Javier Gómez Navarro, nadie haya dedicado el tiempo suficiente a escuchar la Sector.
El sector tiene perspectivas complejas, intereses contrapuestos, posiciones encontradas. La solución no es la mayor asunción pública de más responsabilidades (que parece que era la línea actual) sino que es el conocimiento de la organización y la búsqueda de las salidas más aceptables para el interés colectivo. Estas soluciones exigen un liderazgo incontrovertido y derivado de la posición personal y política, pero no de la presunción de que los mecanismos de derecho púbico son la solución a cualquier problema. Los problemas y su solución exigen tiempo, dedicación e imaginación.
2.- Liderazgo intelectual. El deporte, en general, y el español, en particular exige un proceso de análisis y de determinación del modelo futuro. Las viejas soluciones nos muestran una actividad deportiva que justifica un fuerte desapego con el movimiento federativo. Cuando esto ocurre la posición de negar el efecto solo lleva a su deterioro. El deporte organizado, competicional, precisa de las federaciones, aunque es cierto que su configuración, su papel y su rol actual no son, sin duda, el modelo ni el espejo del futuro. El futuro necesita imaginación, colaboración, ruptura de modelos y que estos cambios se produzcan desde el conocimiento y desde el diálogo.
3.- Un marco normativo estable. El mundo del deporte ha vivido con preocupación la Ley de 2022. Es una ley aprobada por el mismo partido que, ahora, gobierna por lo que, su esencia y su modelo, no pueden ser abdicados sin sentido. El problema del modelo de la Ley del 2022 es su insuficiencia técnica, su falta de rigor, su abstracción de las realidades frente a los problemas reales. Es dudoso que el desarrollo reglamentario pueda arreglar la situación pero es cierto que la falta de visualización final del modelo complica aún más la visualización del modelo y de los potenciales efectos favorables que la norma pueda tener. En Derecho, la incertidumbre es una mala consejera y un elemento añadido de los problemas para los agentes. Es necesario asentar un modelo, creer en elementos de modernización y de progreso y pensar que los efectos de la competición se miden y se pesan y que el éxito del modelo es, en este nivel, su competitividad. Debemos luchar por ser competitivos y para esto la lucha debe ser colectiva y organizada. Nada es individual ni de responsabilidad única.
4.- Desde otra perspectiva, el deporte y la actividad física organizada es una actividad social de relevancia indudable en muchas políticas sectoriales. Los beneficios sobre la salud, sobre la educación, sobre la transmisión de valores, sobre las relaciones internacionales y sobre la vida colectiva en su conjunto no admiten discusión. Sin embargo, la proyección horizontal del deporte apenas encuentra modelos y formas de conexión. El deporte está estancado en una política deportiva pensada únicamente para el alto rendimiento. Es el momento de pensar en elementos diferentes y de proyectar la actividad muy por encima de los aspectos competitivos. Lo que queda por hacer en este ámbito es de tal nivel, de tanta intensidad y de tanto valor que, realmente, sería un elemento suficiente para establecer un marco de progreso e interconexión que proyecte una visión colectiva y de conjunto que, en estos momentos, no se aprecia.
5.- El deporte profesional necesita definición. A menudo no somos conscientes de que, hoy, el fútbol aporta, mediante un sistema de contribución pública obligatoria, un 50% de las subvenciones y del gasto federativo nacional. Los datos de la financiación presupuestaria, eliminados lo que se corresponden con la prestación pública obligatoria del RDL 5/2015, nos sitúan en una presencia pública que no llega a los datos de 2005.
De esta forma podríamos decir que el deporte profesional y, singularmente, el fútbol se ha convertido en un problema de todos: porque el fútbol financia el 50% de toda la actividad deportiva. Luego es un problema de todos, una ocupación colectiva y un interés que trasciende de los organizadores y de las peleas intestinas del sistema.
En este esquema necesitamos profundizar en un sistema sostenible, razonable y pensado en clave de la explotación del sistema que contribuye a la financiación colectiva. Es complejo y dificil el acuerdo porque los intereses económicos y de otro orden no son los mejores instrumentos del consenso pero es cierto que el precio de la no convivencia y de la falta de un sistema seguro y razonable no conduce al progreso del sistema en los términos que serían razonable.
6.- Recuperar la ilusión y la imaginación. Hay pocos sectores de la vida social y política donde es más fácil “hacer cosas”. Los valores del deporte mueven la voluntad de muchos agentes económicos y sociales. El reto político es precisamente “moverlos”. Para moverlos solo se necesita ilusión, iniciativa, capacidad de trabajo y visión de futuro. Necesitamos crear soluciones, superar modelos, creer en esquemas diferentes, liderarlos, proyectarlos y cambiar muchas inercias. El deporte actual está abocado al cambio y el cambio no es únicamente un final diferente sino, sobre todo, un esfuerzo por conformar un esquema ilusionante, colectivo, “grande”, y pensado en clave de superación y de transformación.
En este momento España necesita transmitir ilusión en un proyecto, capacidad de vertebrarlo, de crecer, de cambiar, de hacerlo con un proyecto que auné voluntades y que contribuya a la formulación de un sistema moderno y que cumpla los objetivos diversos que lo componen. No es solo la competición es, sobre todo, el deporte como actividad colectiva, como forma de práctica social, de transmisión de valores y de consecución ordenada, sistemática y organizada de los objetivos comunes.
Este reto es un reto de talante. Es el deseo de impulso y de cambio, de orden y de promoción, de valores y de convivencia, de negocio y solidaridad lo que diferencia a unos modelos de otros. El éxito comienza por verlo y por intentarlo porque en los últimos años esta visión general y colectiva, pensada en clave de solidaridad y de proyecto común, no ha sido la línea central del sistema.
Confiamos en que el cambio no sea de personas sino de proyecto. La vocación intelectual de los nuevos responsables deben ser el elemento de confianza en su voluntad transformadora y el inicio de un cambio que va más allá de los modelos y de reglas legales. El cambio es de sistema, de actitud, de voluntad, de proyecto, de convención y de deseo de legar a las generaciones futuras un impulso en el sistema deportivo que les permita asentar un crecimiento que no tiene límite.

















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